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dissabte, 15 d’agost del 2015

15/08/15. Juan Francisco Martín Seco. Pensiones hacia la miseria.

Benvolguts,



Pensiones hacia la miseria

Juan Francisco Martín Seco 

República de las ideas




OPINIÓN
La prueba más irrefutable de la falsedad del discurso del Gobierno acerca de la recuperación económica y de que está intentando compensar a los ciudadanos por los sacrificios exigidos se encuentra en uno de los colectivos más castigados en estos años, los pensionistas, que comenzaron a perder poder adquisitivo aquel fatídico mayo de 2010 en que Zapatero, sin motivo, se rindió con armas y bagajes a Merkel. Los presupuestos que el Gobierno acaba de presentar establecen para las pensiones un incremento en 2016 del 0,25% y como la inflación, según prevé la OCDE, será del 1,4%, se vaticina ya para ese año una nueva pérdida de poder adquisitivo superior al 1%. Es decir, que por el momento se rebajan las pensiones en términos reales en más del 1%, rebaja que puede ser aún mayor si la inflación se desvía.
El 0,25% es el menor incremento que las pensiones pueden tener según ese engendro de fórmula que se sacaron de la manga los expertos progubernamentales sin ninguna lógica ni sentido, y que la ministra de Trabajo santificó con la única finalidad de deprimir las pensiones hasta el infinito. La fórmula es una simple estratagema para engañar y disimular el objetivo que no es otro que ir deprimiendo las prestaciones públicas a favor de los fondos privados en los que tanto interés tiene la banca. Si cuando la economía crece cerca del 4% y la renta per cápita a un ritmo similar las pensiones tienen que continuar perdiendo poder adquisitivo, es evidente que ese va a ser su futuro año tras año.
El Gobierno argüirá que se trata de salvar el sistema público de pensiones, pero este se salva y se potencia con más impuestos y no reduciéndolos, especialmente en los tramos altos (tal como ha hecho Montoro en la última reforma fiscal) ni eximiendo a los empresarios de pagar cotizaciones sociales. El pasado mes de marzo el Gobierno aprobó un límite exento de 500 euros por trabajador en las cotizaciones empresariales que, dado el nivel tan bajo de los salarios y la picaresca de declarar en los contratos únicamente una parte de las retribuciones totales, implica que la mayoría de los nuevos puestos de trabajo creados están exentos de pagar Seguridad Social. Esto, junto con la tarifa plana de 50 euros establecida para los autónomos el año anterior, explica que, a pesar de la tan cacareada creación de empleo, los ingresos de la Seguridad Social solo hayan crecido hasta junio un 0,77%, mientras la afiliación lo ha hecho en el 3,4%.
El sistema público de pensiones se ha vuelto en extremo vulnerable a partir del Pacto de Toledo con la separación de fuentes de financiación y haciéndolo depender del montante de las cotizaciones sociales, lo que ha dado lugar a todo ese discurso tan falaz de la relación activos-pasivos y de la evolución demográfica (véase mi artículo del 15 de mayo de 2015), cuando lo único cierto es que mientras la renta per cápita se incremente, no hay ninguna razón para que ningún colectivo, sea el de los pensionistas o el de los bomberos, pierda poder adquisitivo, como no sea por un aumento en la desigualdad de la distribución de la renta.
El Gobierno, ante el déficit que plantea la Seguridad Social, propone en los presupuestos que acaba de presentar para 2016 coadyuvar a su financiación mediante impuestos. Aparentemente, esta medida iría en la buena dirección. Recuérdese que incluso el Pacto de Toledo, en su redacción original, y tal como fue aprobado por primera vez en el Parlamento, no establecía una separación de fuentes total, pues a instancias de IU, se afirmaba que las pensiones se financiarían principalmente (y no exclusivamente) por cotizaciones. Bien es verdad que esta matización se ha olvidado en la práctica y ahora se establece una relación unívoca entre prestaciones y cotizaciones.
He dicho aparentemente porque cuando se ahonda en las propuestas que circulan, el sentido es más bien el contrario. Se trata tan solo de que determinadas prestaciones como viudedad u orfandad, al igual que ahora las pensiones contributivas, pasen a financiarse con impuestos, con lo que la segregación de fuentes continuará vigente presionando a la baja las pensiones. Esta interpretación está más acorde con las últimas medidas adoptadas por el Gobierno de sustituir las bonificaciones en las cotizaciones sociales, que eran después compensadas por el presupuesto del Estado, por las ayudas a cargo del presupuesto de la Seguridad Social sin compensación alguna.
La defensa de las pensiones estriba en exigir que sean todos los ingresos del Estado (incluyendo las cotizaciones) los que las financien en los niveles necesarios, pero no en sustituir cotizaciones por impuestos (por ejemplo, por IVA, tal como proponen los expertos de FEDEA) dejando las prestaciones en el mismo grado de precariedad. El resultado sería únicamente trasladar carga fiscal de los empresarios a los consumidores, es decir, a todos los ciudadanos.
Por otra parte, nuestro nivel de cotizaciones (13% del PIB) está por debajo de la media de la Eurozona (14%) y a años luz de países como Holanda y Alemania (17%) y Francia (19%), e incluso Grecia nos supera ligeramente. ¿Hay que continuar bajando las cotizaciones sociales? Quizá aún más llamativo es lo relativo a impuestos. La presión fiscal en España es ocho puntos inferior a la media de la Eurozona y de la Unión Europea y está por debajo de países como Grecia, Polonia, Estonia, Portugal, Malta, República Checa, Chipre, Hungría, Eslovenia, y no digamos ya de Bélgica, Holanda, Italia, Austria, Francia, Alemania y vale más no citar a Suecia o a Dinamarca, de las que nos separan más de 15 puntos. ¿Se puede afirmar sin cierto escándalo que no se pueden pagar las pensiones y que hay que reducirlas? Todo es un problema de voluntad política y de cómo se quiera redistribuir la renta. Desde luego será difícil si lo que hace el Gobierno ante los primeros síntomas de crecimiento y de recuperación de la recaudación es bajar los impuestos.
Para los pensionistas no solo no ha llegado la recuperación económica, sino que no llegará nunca porque, de acuerdo con la última reforma, se les condena año a año a que sus retribuciones bajen en términos reales, es decir, que vayan perdiendo poder adquisitivo. Ha desaparecido el único factor positivo del pacto de Toledo, el compromiso de todas las fuerzas políticas de mantener la actualización anual de las pensiones por el IPC, que si bien les negaba participar en la mejora de la economía, al menos les garantizaba permanecer en el mismo nivel retributivo. Lo más grave es que no parece que los partidos de la oposición, ni siquiera los emergentes, tengan la menor intención de cambiar la ley aprobada por el PP y retornar a la actualización. No aparece ninguna propuesta en tal sentido. Todo lo más una leve e inconcreta promesa de mejorar las pensiones mínimas, pero es que ya todas son pensiones mínimas (excepto las privadas de los grandes ejecutivos) y más mínimas van a ser en el futuro.

dijous, 21 d’agost del 2014

16/08/14. Juan Ramón Rallo. ¿Por qué en España se recauda menos que en Europa? Economia submergia i corrupció. Espanya versus Europa i els paisos nòrdics

Benvolguts,

Avui comentarem un article de Juan Ramón Rallo, ¿Por qué en España se recauda menos que en Europa. Sembla que aquest xicot és com el Pancho López, pequeño pero matón. Als 30 anys ja ho ha fet tot. I coixeja cap a la dreta liberal i portadora de valores eternos. Guaiteu quins són els objectius del Instituto Juan de Mariana (IJM):

És un think tank independiente con sede en Madrid fundado en el año 2005 (el xicot tenia 21 anys...): "dar a conocer al gran público español, europeo y latinoamericano, los beneficios que para los intereses generales proporcionan la propiedad privada, la libre iniciativa empresarial y la limitación del ámbito de actuación de los poderes públicos". No deu estar massa d’acord amb el Pablo Iglesias ni amb Friedrich Engels (autor del sempre recomanable llibre “Els orígens de la familia, la propietat privada i l’estat”. http://es.slideshare.net/javiercabrerau/el-origen-de-la-f).
http://es.slideshare.net/guestc81620/el-origen-de-la-familia-la-propiedad-privada-y-el-estado-federico-engels?related=1

Sembla que el Pancho López vagi disfressat de Robin Hood!: Troba que la UE, Suècia i Finlàndia, no són bons exemples de gestió de la pressió fiscal, ja que l’economia submergida del Reino de España no és tant més alta que la d’aquests països:

·       La economía sumergida no es en España abisalmente diferente a la del resto de Europa o a la de los países nórdicos

I asegura que al Reino de España els estratos más humildes de la sociedad, són els que proporcionalment paguen menys impostos:

·       Quienes pagan relativamente muchos menos impuestos en España frente a Europa no son las rentas más altas, sino los estratos más humildes de la sociedad

·       Los tipos efectivos sobre la renta de la mitad de la población más pobre son muchísimo más bajos en España que en los nórdicos

I conclou que no cal apujar impostos. ¿Puede España duplicar la tributación que están soportando las rentas más bajas? A mi juicio no: lo razonable es bajar el gasto y bajar impuestos, no lo contrario.

És clar que cal abaixar la descomunal despesa del Reino de España, però de passada podria apujar impostos a les rendes més altes…

És interessant perquè dóna moltes dades comparatives entre el Reino de España i Europa i també és interessant perquè distingeix molt bé entre impostos directes, indirectes, cotitzacions SS a càrrec de l'empresa i del treballador, tot sempre degudament cuinat... 
 
Ara podem veure la seva exposició i els seus raonaments:
¿Por qué en España se recauda menos que en Europa

Juan Ramón Rallo en Vozpopuli.com


Juan Ramón Rallo Julián (nacido el 13 de marzo de 1984) es un economista español de la escuela austríaca. Rallo es escritor, docente en varias universidades, y también es conocido por su presencia mediática en espacios de análisis económico. Es socio fundador del Instituto Juan de Mariana y su actual director.
Es licenciado en Derecho y licenciado en Economía por la Universidad de Valencia (con sendos Premios Extraordinarios de fin de carrera), máster en economía de la Escuela austríaca y doctor en economía por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Actualmente es profesor y codirector del Máster en Economía del Centro de Estudios Superiores Online de Madrid Manuel Ayau (OMMA) y en la Escuela Superior de Negocios ISEAD.
El Instituto Juan de Mariana (IJM) es un think tank independiente con sede en Madrid fundado en el año 2005. Sus objetivos son, según sus estatutos, "dar a conocer al gran público español, europeo y latinoamericano, los beneficios que para los intereses generales proporcionan la propiedad privada, la libre iniciativa empresarial y la limitación del ámbito de actuación de los poderes públicos".[1

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La presión fiscal de España en el año 2012 fue del 33,3% del PIB mientras que la del resto de Europa fue del 39,5%. Más de seis puntos sobre el PIB de diferencia que, en caso de suprimirlos, le permitirían a Hacienda recaudar más de 60.000 millones de euros adicionales y acabar con el déficit público. La respuesta, pues, parece obvia: hay que equiparar fiscalmente a España con Europa y… problema terminado.

Sin embargo, mucho me temo que quienes defienden la necesidad de tal incremento en la presión fiscal se están imaginando que serán otros, acaso los ricos, los que carguen con tamaña factura. Tal vez convendría que desglosáramos a qué se debe nuestro diferencial tributario con Europa.

La estructura de la presión fiscal en la Unión Europea

La presión fiscal española —equivalente al 33,3% del PIB en 2012— se desglosa del siguiente modo: 10,6% del PIB en impuestos directos, 10,7% en impuestos indirectos y 12% en cotizaciones sociales. Dentro de los impuestos indirectos destaca el IVA —con el 5,5% del PIB—, y dentro de los directos el IRPF —con el 7,7% del PIB— y Sociedades —con 2,2% del PIB—; a su vez, las cotizaciones a la Seguridad Social se dividen en 8,4% del PIB a cargo del empresario, 1,8% a cargo del trabajador y 1,8% a cargo de los autónomos.

En cambio, en el conjunto de la Unión Europea, la presión fiscal del 39,5% del PIB se divide del siguiente modo: 13,2% del PIB en impuestos directos, 13,6% en indirectos y 12,7% en cotizaciones sociales. Dentro de los indirectos, destaca el IVA —con el 6,1% del PIB—, y de los directos el IRPF —con el 9,4% del PIB— y Sociedades —con el 2,6% del PIB—; a su vez, las cotizaciones sociales se dividen en 7,3% del PIB a cargo del empresario, 3,9% a cargo del trabajador y 1,5% a cargo de los autónomos.

Por consiguiente, para equipararnos fiscalmente con Europa, la recaudación por impuestos directos debería aumentar en 2,6 puntos del PIB (sobre todo, 1,7 puntos de IRPF y 0,4 puntos de Sociedades), la recaudación por indirectos en 2,9 puntos y las cotizaciones sociales en 0,7 puntos (si bien, las que se encuentran a cargo del empresario deberían reducirse en 1,1 puntos, las de los autónomos en 0,3 puntos y las de los trabajadores por cuenta ajena aumentar en 2,2 puntos). Dicho de otro modo, para equipararnos con Europa deberíamos subir muy sustancialmente la fiscalidad indirecta (IVA e Impuestos especiales) y la del IRPF, así como las cotizaciones sociales a cargo del trabajador.

Por supuesto, una mayor recaudación por estos conceptos no significa que los tipos impositivos deban subir: en teoría, es posible bajar los impuestos y recaudar más (eso es lo que sucede, por ejemplo, con la recaudación por Sociedades en Irlanda). Para saber exactamente quién soportaría la carga de la “equiparación fiscal con Europa” debemos echarle un vistazo a los tipos impositivos implícitos sobre el trabajo, el consumo y el capital (es decir, el gravamen medio al que tributa el gasto al consumo, las rentas del trabajo y las rentas del capital).

Pues bien: para equipararnos con Europa, el tipo implícito sobre el consumo debería aumentar del 14% al 24,5% (un aumento de la fiscalidad sobre el consumo del 75%), el tipo implícito sobre las rentas del trabajo debería pasar del 33,5% al 36,1% (un incremento del 7,7%) y el tipo implícito sobre las rentas del capital desde el 25,3% al 29,5% (un incremento del 16%). Por tanto, el sablazo fundamental vendría de una mucho mayor tributación indirecta (casi duplicar su carga actual). Tal vez alguno considere que al menos con este esquema las empresas también saldrán esquilmadas; sin embargo, dentro de los tipos implícitos sobre el capital, los que más habría que subir, para equipararnos con Europa, son los que afectan a familias y autónomos: del 13% al 16,8% (un 29,3% de subida), mientras que los que afectan a empresas apenas crecerían del 17,8% al 19,2% (un 7,8%).

La estructura de la presión fiscal en Suecia

Visto lo visto, parece que la Unión Europea no es un magnífico espejo tributario en el que mirarse: sí, la presión fiscal es mayor que en España pero la soportan esencialmente las familias a través de una mayor fiscalidad indirecta, mientras que a las empresas apenas se las toca el pelo. Tal vez sea conveniente emular fiscalmente dentro de Europa a ese paradigma de Estado socialdemócrata que es Suecia.

En Suecia, la presión fiscal es del 44,2% del PIB —10,9 puntos superior a la española— y se desglosa del siguiente modo: 18,3% del PIB en impuestos directos, 18,7% en impuestos indirectos y 7,2% en cotizaciones sociales. Dentro de los impuestos indirectos destaca el IVA —con el 9,3% del PIB— y dentro de los directos el IRPF —15,2% del PIB— y Sociedades —2,9% del PIB—; a su vez, las cotizaciones sociales las paga íntegramente el empresario —con 7% del PIB— y los autónomos —con 0,2% del PIB—, no hay propiamente cotizaciones sobre el trabajador por cuenta ajena.

Por tanto, para equipararnos fiscalmente con Suecia deberíamos aumentar la recaudación por impuestos directos en 7,7 puntos (en especial, IRPF con 7,5 puntos adicionales y Sociedades con 0,7 puntos, minorando otra tributación directa), la recaudación por impuestos indirectos debería incrementarse en 8 puntos y la recaudación por cotizaciones sociales habría que reducirla en 4,8 puntos (1,4 puntos la del empresario, 1,8 puntos la del trabajador y 1,6 puntos la del autónomo). Por tipos impositivos implícitos la imagen cambia poco: el tipo implícito sobre el consumo en Suecia es del 26,5% (un 90% superior al español), sobre el trabajo un 38,6% (un 15% superior al español) y sobre el capital un 30,6% (un 21% superior al español).

Por consiguiente, el sistema sueco implica una subida generalizada de impuestos, especialmente en impuestos sobre el consumo, cuyo tipo medio se incrementaría en un 90%. ¿Verdaderamente queremos cuasi duplicar el IVA y los Impuestos Especiales? Acaso algunos crean que la clave del modelo sueco es que esos altos impuestos indirectos se ven compensados por una fiscalidad extremadamente progresiva en los impuestos directos. Pero no: el tipo medio efectivo por quintil de renta en el IRPF subiría, especialmente, para el 60% de la población con menor renta (cuyos tipos efectivos se duplicarían o más que duplicarían).

Para muestra, un botón: las rentas inferiores a 2.000 euros anuales no pagan prácticamente IRPF en España, mientras que en Suecia abonan el 11,2%.

En definitiva, copiar el modelo sueco implicaría duplicar la tributación sobre el consumo y duplicar (o más que duplicar) el tipo efectivo del IRPF del 60% de contribuyentes con menor renta (el 20% más rico, en cambio, sólo la vería aumentar un 27%). ¿Ese es el modelo tributario que queremos para España?

La estructura de la presión fiscal en Finlandia

Quizá ni la Unión Europea ni Suecia sean buenos modelos fiscales a copiar. Pero, ¿qué tal Finlandia? La presión fiscal de Finlandia es prácticamente la misma que la sueca —44,1% del PIB— pero repartida de una forma algo distinta: 16,3% del PIB por impuestos directos, 14,7% por indirectos y 13,2% por cotizaciones sociales. Dentro de los impuestos indirectos destaca el IVA, con el 9,2% del PIB, y dentro de los directos el IRPF, con el 13% del PIB y Sociedades con el 2,2%; a su vez, las cotizaciones sociales se distribuyen con un 9,2% para empresarios, 3% para trabajadores y 1% para autónomos.

Por tanto, para parecernos a Finlandia deberíamos aumentar la recaudación por impuestos directos en 5,7 puntos (en especial, IRPF con 6,3 puntos adicionales, para así reducir otra recaudación directa como la de Sociedades), la recaudación por impuestos indirectos debería incrementarse en 4 puntos y la recaudación por cotizaciones sociales debería crecer 1,2 puntos (0,8, puntos la del empresario, 1,2 puntos la del trabajador y reducir 0,8 puntos la del autónomo). Por tipos impositivos implícitos la imagen es muy similar: el tipo implícito sobre el consumo en Finlandia es del 26,4% (un 88,5% superior al español), sobre el trabajo un 40,1% (un 19,7% superior al español) y sobre el capital un 29,9% (un 18% superior al español). Hay que aclarar que el tipo implícito sobre el capital es más alto por la superior tributación de las rentas del capital familiares y de autónomos (tipo implícito del 22,7% frente al 13% español) no por la tributación de Sociedades (que es más bajo en Finlandia: del 17,5% frente al 17,8% español).

Por consiguiente, el modelo tributario finés también implica una subida de la tributación sobre el consumo del 90% y una rebaja en la tributación a las empresas. Pero, ¿es al menos su tributación directa más progresiva que al sueca? Pues no. Nuevamente, los contribuyentes que más notarían la subida de los tipos efectivos del IRPF son el 60% de contribuyentes con menor renta.

Una breve nota sobre la economía sumergida

Por terminar de despejar mitos: la economía sumergida no es en España abisalmente diferente a la del resto de Europa o a la de los países nórdicos. Según las estimaciones más fiables, las del experto mundial Friedrich Schneider, el peso de la economía sumergida en el PIB español es del 18,6%, frente al 18,4% de la Unión Europea, al 13,9% de Suecia o al 13% de Finlandia. La diferencia con Suecia, pues, es de apenas 4,7 puntos de PIB: si esos 4,7 puntos tributaran al 40%, lograríamos una recaudación adicional de 1,9 puntos. Con respecto a Finlandia es de 5,6 puntos, por lo que si la graváramos al 40%, recaudaríamos 2,25 puntos adicionales. Por tanto, si la presión fiscal en Europa es 6,2 puntos superior a la española o si en Suecia y Finlandia es 10,9 puntos mayor, no es porque nuestra economía sumergida esté mucho más extendida: es porque en los otros países se pagan más impuestos.

Conclusión

Tal como reza la sabiduría convencional, es verdad que en España pagamos menos impuestos que en el conjunto de Europa o que en los países nórdicos y, por eso, nuestra presión fiscal es más reducida. Pero, a diferencia de lo que sostiene la sabiduría convencional, quienes pagan relativamente muchos menos impuestos en España frente a Europa no son las rentas más altas, sino los estratos más humildes de la sociedad: por un lado, los gravámenes sobre el consumo son en España mucho menores que en Europa y, sobre todo, que en los países nórdicos; por otro, los tipos efectivos sobre la renta de la mitad de la población más pobre son muchísimo más bajos en España que en los nórdicos.

¿Puede España duplicar la tributación que están soportando las rentas más bajas? A mi juicio no: lo razonable es bajar el gasto y bajar impuestos, no lo contrario. Pero eso, duplicar la tributación de los ciudadanos más pobres, es lo que en el fondo —quizá sin saberlo— defienden quienes quieren más gasto y más impuestos. El “que paguen los ricos” es puro populismo tributario, pues los ricos no están pagando sustancialmente menos que en el resto de Europa: quienes pagan menos que en el resto de Europa —de la Europa con Estados más grandes— son los pobres. ¿De verdad queremos saquearlos tributariamente para mayor gloria de un Estado sobredimensionado?

Juan Ramón Rallo

Joan A. Forès
Reflexions