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dimecres, 29 d’octubre del 2014

28/10/14. Victòria Camps. De la independencia al cielo. Segons la viquipèdia la seva vida política comença als 52 anys, el 1993. El menyspreu per l’adversari mostra la categoria de la tal Victòria...L’autoodi portador de valores eternos...

Benvolguts,

Avui us presentem un article d’una sociofranquista de nom Victòria Camps.

Segons la viquipèdia, nascuda el 1941. Va ser Senadora pel PSC-PSOE a les eleccions generals espanyoles de 1993,

·       Segons la viquipèdia la seva vida política comença als 52 anys, el 1993.

·       El 1996 formà part dels signants dels manifests del Foro Babel.[1]

·       L'octubre de 2012 signà, juntament amb un centenar de professionals, un manifest a favor del federalisme espanyol i en contra la independència de Catalunya.[2]

·       Amb aquests antecedents què voleu que escrigui aquesta bona dona!

·       Si repasseu els títols dels llibres publicats per la senyora, veureu que no n’hi ha cap en català (l’ètica i el català deuen estar renyits...)

Jo tinc 4 anys més que la tal Victòria, i no em vull penjar cap medalla, però als 20 anys, el 1957, en plena dictadura franquista, ja era militant del Front Nacional de Catalunya, i coordinador del servei clandestí d’ensenyament del català a la Universitat de Barcelona,

Al 1966 es va crear el Sindicat Democràtic d’Estudiants de la Universitat de Barcelona (SDEUB). En un acte als Caputxins de Sarrià que es va anomenar La Caputxinada.

A l’època jo era professor a l’Escola d’Enginyers Industrials, que estava adscrita a la Universitat de Barcelona (UB) i vaig participar en el suport al SDEUB. El rector falangista Garcia Valdecasas ens va expulsar de la UB a 69 professors entre els quals els germans Lluch, Jordi Solé Tura, Josep M. Bricall, Joan Reventós, Isidre Molas, Miquel Roca i Junyent, Narcís Serra, etc.

Entre els estudiants hi va haver centenars d’expedientats, molts expulsats com Joaquim Boix Lluch, Albert Broggi, Francisco Fernández Buey, Alfredo Pastor, Enric Argullol, i d’altres.

I la senyora Camps? Hi era a les lluites de la universitat?

Hi havia en Maragall i tot! I no hi era la senyora Camps?

A part d’això, el menyspreu per l’adversari mostra la categoria ètica de la tal Victòria...

L’autoodi, segurament molt ètic, però “portador de valores eternos...”

Pel que fa a l’article, està ple de llocs comuns i de retrets que fa 4 o 5 anys que estem escoltant:

·       revisar las relaciones entre Cataluña y España, con reforma constitucional incluida y referéndum final para conocer el sentir y la opinión —esta vez con garantías— de los ciudadanos. 40 milions sempre dominaran a 8 milions…

·       Oriol Junqueras, que ha renunciado del todo a cualquier entendimiento con España que no contemple previamente la ruptura. L’entesa només es pot abordar entre iguals…

·       se impondrá una negociación larga con el Gobierno de España o, en el caso de que esta fracase, otra negociación aún más larga con las autoridades europeas. Com ho sap la senyora Camps si la negociació será curta o llarga i si la negociació amb la CE será més o menys llarga que la negociació amb el Reino de Castilla (Estado español)…

·       Y no solo depende de eliminar el déficit fiscal. Ah, però hi ha déficit fiscal? El señor Montoro i el señor de la Fuente diuen que no n’hi ha…

I ara l’articulet:

De la independencia al cielo

Victòria Camps en El País


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OPINIÓN

Tirar la toalla de la negociación y del diálogo es ceder a la impotencia, el mayor enemigo del progreso y la emancipación

Nadie hubiera dicho hace unos años, cuando el nacionalismo catalán era sinónimo de liberación, que declararse nacionalista estaría mal visto, fuera cuál fuera la nación de referencia. El núcleo duro del independentismo se confiesa solo independentista. Así lo hacía Oriol Junqueras en el programa de Jordi Évole: no soy nacionalista, soy independentista. ¿Independencia porque sí? No exactamente. Las razones que justifican la independencia son, en primer lugar, el reiterado desprecio del Estado español por la singularidad catalana, que ha hecho fracasar todos los intentos por conseguir un reconocimiento del poder político y una financiación suficiente para Cataluña. La segunda razón es que una Cataluña independiente será el país que todos deseamos: más libre, más demócrata, más equitativo, sin corrupción.

Por increíbles que nos parezcan a quienes no compartimos ni el ideal independentista ni argumentos tan simples para justificarlo, estas son las razones que han penetrado hasta el fondo en la mente y el corazón de los que comulgan con la fe secesionista. Convendría notar en su contra que el argumento de romper con el Estado español, con la excusa de que todo intento de conseguir un encaje con Cataluña ha sido y será inútil, no es un alarde de sabiduría política. Al contrario, hacer política es no cejar en el empeño de negociar para resolver los conflictos generados por intereses contrapuestos. Tirar la toalla de la negociación y del diálogo es ceder a la impotencia, el mayor enemigo de la emancipación y del progreso que debieran estar en el horizonte de la buena política.

El espectáculo que han dado los partidos del “derecho a decidir” muestra que la reticencia a la negociación no está solo fuera, sino en los mismos artífices del proceso. Solo desde la lógica partidista se comprende que ni ICV ni ERC quieran “perder el tiempo”. Y que las prisas por llegar a la independencia de ERC no sean compartidas por CDC que necesita más tiempo para reconvertirse y que no acepta la desobediencia como método. Llegado el momento decisivo, el interés general, incluso cuando este se denomina “independencia”, ha sido vencido por el interés en las elecciones.

Tanto si se abraza la independencia por sí misma, como si se emprende un replanteamiento que mejore el autogobierno de Cataluña, la negociación con el Gobierno español será inevitable. El Informe del Consell Assessor per a la Transició Nacional es diáfano al respecto: tras una DUI (declaración unilateral de independencia), la medida más extrema, se impondrá una negociación larga con el Gobierno de España o, en el caso de que esta fracase, otra negociación aún más larga con las autoridades europeas. Todo será difícil y, sobre todo, largo. Más largo y, sin duda, más complejo que aprovechar el potencial desencadenado por la espiral independentista para revisar las relaciones entre Cataluña y España, con reforma constitucional incluida y referéndum final para conocer el sentir y la opinión —esta vez con garantías— de los ciudadanos.

Pero no es ese el rumbo que quiere marcar la fuerza más poderosa, la de Oriol Junqueras, que ha renunciado del todo a cualquier entendimiento con España que no contemple previamente la ruptura. A su juicio y al de los suyos, solo una Cataluña libre de la “opresión” española podrá construirse como un país mejor. La desconfianza y el desánimo que a los secesionistas les produce el Gobierno de España (esté en manos del PP, del PSOE o de cualquier otra conjunción de partidos “españoles”), es directamente proporcional a la fe ciega en las posibilidades de una Cataluña soberana y próspera.

No lo cree solo Junqueras, el aludido Informe sobre la Transición Nacional comulga con tan desmedida ilusión al señalar de entrada que el proceso hacia la independencia tiene como fin “hacer de Cataluña un país nuevo donde todos vivan mejor, donde se garantice la cohesión social y el bienestar de todas las personas”. Las razones no son sentimentales ni miran solo a un pasado de dominación, sino a la supuesta potencialidad de los catalanes de construir un estado inédito, sobre bases cívicas y de justicia social. El nosotros catalán tiene por lo visto capacidades de las que carece el resto de los españoles.

No es broma, la ilusión la comparten y la expresan en tales términos muchos de los que se han sumado a la ola independentista. No importa que la política catalana haya mostrado hasta ahora tener los mismos defectos que exhiben nuestros vecinos: la misma corrupción, los mismos recortes, el mismo fracaso escolar, el mismo despilfarro, la misma burbuja inmobiliaria. No importa que los años de autogobierno catalán, por escaso que este sea a juicio de los insatisfechos, no hayan servido para crear en Cataluña ninguna estructura muy distinta de las que tienen otras autonomías y el propio Estado español. El salto hacia la Arcadia no necesita otra base que liberarse de España.

No nos dejemos engañar más. Las rupturas no traen por sí solas mejoras sustanciales. Vivir en una sociedad decente y que funcione es fruto de la buena voluntad de quienes viven en ella y, en especial, quienes la gobiernan. Y no solo depende de eliminar el déficit fiscal.

Victòria Camps es profesora emérita de la UAB.

Joan A. Forès
Reflexions

dimarts, 14 d’octubre del 2014

14/10/14. Cotarelo. El leninismo de Mas. Una mentalitat tant oberta com la del Cotarelo no pot assumir alguns dels principis fonamentals del catalanisme, que és que volem la independència tant si com no!

Benvolguts,

Avui, en la seva compareixença al Saló Gòtic del Palau de la Generalitat, sense explicar què va passar en la reunió d’ahir, el President Mas ha fet un salt mortal amb patada a la lluna i ha dibuixat la consulta del 9N d’una manera diferent a com havia estat plantejada fins ara, i difícil de copsar. Suposo que ho anirà aclarint...

El professor Cotarelo  vell conegut nostre té un Bloc de nom Palinuro i de vegades la seva opinió fa que sigui encardinada per Palinuro. Com en algun moment en l’article El leninismo de Mas d’avui (Palinuro no ve claro…)

Ramón Cotarelo, un dels poquíssims valedors espanyols de les aspiracions del procés català, usa en aquest article un concepte de Lenin del seu llibre “Què fer”:

El presidente de la Generalitat seguramente haría suya la famosa consigna de Lenin en 1904, un paso atrás, dos pasos adelante. El paso atrás está dado, ya lo venden los medios de la derecha como una claudicación, ahora hay que ver cómo se dan los dos adelante.

I deixa pendent, basant-se o no en Lenin, com es comportarà la societat catalana en el seu conjunt davant d’aquesta claudicació!

Una de les frases de l’article, explica el que ja tenim molt assumit i és que el poder sempre guanya. Els ninotaires l’han utilitzat moltíssim, com en Perich en el llibre “Diàlegs entre el poder i el  no-poder” que hem comentat fa pocs dies. Avui considerem escaient els ninots d’en Torrent, pel que fa a la Camacho:

A los nacionalistas españoles les da igual ser pocos porque saben que detrás de ellos está el Estado[…]está el Tribunal Constitucional …


Un altre punt per fer reflexionar és aquest:

Pero es que, además del refrendo internacional, la DUI ha de ser votada en el Parlamento catalán,

Palinuro no ve claro que tuviera los 50 votos de CiU y, sin ellos, las cuentas no salen.

Tinguem en compte que CiU vol dir CDC+UDC...

Una de les conclusions és:

La ley y el orden se han impuesto. De momento y ¿a qué coste? Una internacionalización de la cuestión catalana y una deslegitimación del gobierno central que, comparado con el gobierno británico hace unas fechas, es de una cerrazón y un inmovilismo autodestructivos.

I després va filosofant amb conceptes i teories força interessants. El que passa és que malgrat tenir una mentalitat tant oberta com la del Cotarelo no pot assumir alguns dels principis fonamentals del catalanisme,

que és que volem la independència tant si com no!

I ara l’article:

martes, 14 de octubre de 2014

El leninismo de Mas.


El día 12 de octubre, anteayer, el soberanismo catalán hacía bromas en twitter sobre la escuálida asistencia a la manifa en pro de la nación española convocada en la plaza de Catalunya, sin contar las chirigotas a cuenta del puñado de energúmenos que se reunió en Montjuïc a quemar esteladas. El día 13, el siguiente, ayer, Mas reconocía en público que no habría consulta. Momento de anticlímax. Ahora se entiende la irrelevancia de la manifestacíón de la Plaza de Catalunya. A los nacionalistas españoles les da igual ser pocos porque saben que detrás de ellos está el Estado; está el Rey quien, por cierto, guarda silencio; está el gobierno, blandiendo una legalidad represiva; está el Parlamento, adaptando esa legalidad a las necesidades del gobierno; está el Tribunal Constitucional que legitimaría el uso de la fuerza en caso de desobediencia, a pesar de mostrar él mismo un déficit de legitimidad; están los medios de comunicación, jaleando; está la banca y está la Iglesia, al menos la española.

Será como se dice aquí o no pero la decisión de Mas no solamente cambia el cuadro, sino la escena entera. Hay varias interpretaciones sobre su gesto y será menester escuchar cómo se manifiesta él mismo. Nadie puede negar que ha llevado muy lejos eso que los medios llaman el órdago soberanista. Es cosa de preguntarse si puede exigírsele más cuando empiezan a lloverle querellas por presuntos delitos de prevaricación, sedición o rebelión. Habrá quien diga que sí porque proyecta sobre él un destino heroico, el de Moisés, incluso arrostrando martirio. Habrá quien diga que no, primero porque a nadie puede exigirse que ponga en riesgo su libertad por una causa y, segundo, porque quizá no sea lo más eficiente desde el punto de vista estratégico. Ya ha quedado claro a los ojos del mundo que es el gobierno central el que, basándose en cuestiones de interpretación legal, no deja votar a los catalanes, como dice el editorial del New York Times de ayer.
Ahora sigue la campaña por el dret a decidir, según apunta Mas, y más cargada de agravios y motivos. El presidente de la Generalitat seguramente haría suya la famosa consigna de Lenin en 1904, un paso atrás, dos pasos adelante. El paso atrás está dado, ya lo venden los medios de la derecha como una claudicación, ahora hay que ver cómo se dan los dos adelante.

 Una cuestión incidental. Desde luego, Mas es un dirigente de una determinada orientación política y representa también unos intereses específicos, aunque en este asunto goce de una expansión de apoyo. El análisis de este aspecto no es inútil, pero no tenemos tiempo. Asimismo, no es extravagante insistir en el aspecto personal. Solo quienes creen que la historia se mueve como las máquinas, por necesidad, están dispuestos a ignorar el factor personal. No hay que ser un águila para calibrar las presiones a que debe verse sometido Mas; las vacilaciones, las dudas. Cuestión de carácter, se dirá. Pues, eso, de carácter. ¿No es legítimo que el hombre tenga la ambición de llevar a término su proyecto, que no es cosa de poca monta, y hacerlo conservando él el liderazgo? Todo el mundo espera de él decisiones y, cuando estas se toman, agradan a unos y disgustan a otros.

Gran parte de la respuesta a la decisión de Mas ha sido muy vehemente. ERC plantea una Declaración Unilateral de Independencia (DUI) y los asesores del Consejo recomiendan elecciones anticipadas. La DUI es un instrumento muy delicado. Necesita un razonable refrendo internacional, de otra forma no prospera, y eso puede suceder o no pero, en todo caso, provocaría un conflicto institucional abierto que retrotraería el asunto al momento de la prohibición de la consulta y el uso de la fuerza. Bien es verdad que, de producirse este hecho, la presión internacional sobre el gobierno español en pro de una solución negociada seguramente sería irresistible. Pero es que, además del refrendo internacional, la DUI ha de ser votada en el Parlamento catalán, Palinuro no ve claro que tuviera los 50 votos de CiU y, sin ellos, las cuentas no salen.

Las elecciones anticipadas propuestas por los asesores parecen más verosímiles. Llamarlas plebiscitarias o no es irrelevante. Pues lo serán de hecho, ¿por qué ponerles nombres que justifiquen quizá medidas represivas? Un resultado mayoritariamente favorable a las fuerzas soberanistas, quizá hegemonizadas por ERC, podría dar como resultado una DUI que estaría como la anterior, frente a la legalidad, pero con fuerza parlamentaria y consiguiente legitimidad.

La cuestíón es si Mas disuelve y convoca o no. He aquí que sigue teniendo la llave de la situación, lleva la iniciativa en el mejor estilo leninista mientras Rajoy sigue sin saber "quién manda en Cataluña". Mas no está obligado a convocar elecciones aunque sus actuales aliados parlamentarios le retiraran su voto porque tiene a su disposición otras mayorías parlamentarias. Puede mantener la coalición actual e, incluso, convertirla en un gobierno de concentración cuyo imponente aspecto reside más en el nombre que en la cosa a la que, además, podría invitarse también al PSC, llegándose así a los 107 diputados de la concentración. En todo caso, si quiere, Mas aplazará las elecciones lo que estime pertinente porque eso mismo puede hacer con otras tres coaliciones quizá no probables, pero sí posibles y que, prescindiendo de los problemas y dificultades que se darían en la práctica son:

        I.            I.la española, esto es, CiU más PP, PSOE y Cs (98 votos) que, además, vendría muy bien a los dos partidos dinásticos para intentar una "gran coalición" en España, vista la gravedad de la situación.

      II.            II. la confederación de derechas, CiU, PP y Cs (78 votos), cuya mala prensa en Cataluña se compensaría con la relación privilegiada con el gobierno, aunque parece poco verosímil.

    III.            III. Alianza de izquierdas, CiU, PSC y ICV-EUiA (83 votos), tampoco tan descabellada.

Y ¿qué interés tiene Mas en aplazar las elecciones? Vayamos a la lectura que de los hechos realiza el nacionalismo español: el bloque dinástico ha vencido. El reto, el órdago soberanista se ha disipado. El impulso no era tan firme. La ley y el orden se han impuesto. De momento y ¿a qué coste? Una internacionalización de la cuestión catalana y una deslegitimación del gobierno central que, comparado con el gobierno británico hace unas fechas, es de una cerrazón y un inmovilismo autodestructivos. Es de esperar que el PSOE presione sobre su aliado dinástico para proponer una solución negociada al conflicto. ¿Hasta el punto de proponer lo que Sánchez negaba repetidamente hace un mes, esto es, una gran coalición española? La justificación podría ser la reforma de la Constitución que diera a Cataluña un tratamiento diferenciado con garantías de singularidad cuyo alcance podría negociarse. En definitiva, daría a Mas algo concreto con qué presentarse a unas elecciones en busca de ese voto presumidamente moderado que podría estar agraviado por el maltrato sistemático del gobierno central. Al mismo tiempo, interesaría al PSOE, dándole un marchamo de eje vertebrador entre el nacionalcatolicismo y el soberanismo, de conciliador de posiciones, de eficaz gestor para contrarrestar el peligro emergente por la izquierda con Podemos del que aún no hemos hablado, pero  cuya presencia en el Parlamento catalán se da ya por segura, añadiendo un punto de complejidad a una cámara de por sí muy fraccionada. Por último, aunque parezca mentira, interesa también al PP porque le quita de encima un problema que, como le sucede con casi todos los demás, no sabe resolver si no es a golpe de represión y autoritarismo.

En esta nueva escena, todas las opciones, insisto, están abiertas. Ganará quien juegue con mayor destreza, coraje y determinación. Pero, de momento, Mas ha recuperado su libertad de movimientos, la iniciativa y ha conseguido sobrevivir. ¿Cómo lo sabemos? Nadie hasta el momento ha pedido su dimisión.

No en balde Lenin era un genio de la estrategia política.
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Actualización a las 10:30 del 13.10. Mas sigue llevando la iniciativa. Después de que Rajoy improvisase unas declaraciones felicitándose de que la consulta no se llevara a cabo, comparece el President y dice que sí se hará, pero en condiciones distintas, amparada en normas anteriores al decreto de consulta suspendido por el TC. Una finta florentina que pone al gobierno español en un brete pero plantea el problema de la validez de esa consulta.

Publicado por Ramón Cotarelo en 12:07 a. m. http://img1.blogblog.com/img/icon18_email.gifhttp://img2.blogblog.com/img/icon18_edit_allbkg.gif


Joan A. Forès
Reflexions

dissabte, 30 d’agost del 2014

30/08/14. Albert Sánchez Piñol. Votar o no votar. La primera reacción ante el proceso fue tan espasmódica, tan vitriólica y tan improvisada, que se dijeron auténticas barbaridades. El proceso soberanista está urdido por agentes totalitarios y nazis.


Benvolguts,

L’Albert Sánchez Piñol, que és de formació antropòleg (que vol dir estudiós del coneixement humà), fa una disquisició, segons ell diu digna de Shakespeare,  i que porta de títol Votar o no votar.

En Sánchez Piñol deu haver gaudit d’allò més analitzant i escrivint aquest article. Analitza molt bé el conjunt d’animalades que els intel·lectuals (?), escriptors i polítics castellans han arribat a deixar anar i a escriure des que se n’estan adonant que
en el contenciós amb Catalunya, tenen la partida perduda!

Amb fina ironia, quan no amb tota la conya en Sánchez Piñol analitza i rebrega les expressions que s’han escrit o pronunciat.

L’article del Sánchez Piñol m’ha recordat que l’altre dia vaig llegir en un acudit que un personatge deia Fixa’t que bé, a Espanya només signant un manifest ja t’has convertit en intel·lectual! I una de les animalades que s’han dit des de la intel·lectualitat (?) castellana i que ell comenta és que “La mayoría de apellidos catalanes son de origen español; así pues, resulta inconcebible que sus portadores quieran separarse de España”. Una altra de les animalades (sandeces en diu en castellà) que es podrien afegir  es que en  Sánchez Piñol portant en el cognom una ñ (lletra que no existeix en català) resulta inconcebible que su portador quiera separarse de España”, i així ad nauseam!

I acaba amb el seu argument principal:

Y votemos de una puñetera vez.

Permeteu-me ara que us copiï un poema, que trobarem més endavant:

Antonio Machado. Campos de Castilla. Proverbios y cantares. XXIV

De diez cabezas, nueve
embisten y una piensa.
Nunca extrañéis que un bruto
se descuerne luchando por la idea.

I ara us proposo l’article:

Votar o no votar

Albert Sánchez Piñol en La Vanguardia

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OPINIÓN

El tiempo corre veloz cuando la historia apremia. La frase podría ser de Shakespeare, y sin duda describe muy o bien la celeridad del debate soberanista. La primera reacción ante el proceso fue tan espasmódica, tan vitriólica y tan improvisada, que se dijeron auténticas barbaridades. De hecho, que el proceso avanza a una velocidad extraordinaria se constata por el hecho de que los siguientes argumentos, tan habituales hace tan sólo unos meses, prácticamente han desaparecido de la escena mediática.

Un referéndum sobre la independencia de Catalunya tendría que celebrarse en toda España. Ni Canadá ni Gran Bretaña han planteado algo así respecto a Escocia o Quebec. El único precedente remotamente parecido fue el de la Francia de De Gaulle, que orquestó un referéndum sobre Argelia que en realidad era un puro trámite. España es muy francesa. Su proyecto siempre ha sido centralista y uniformizador. Si el autogobierno catalán existe no es gracias al PP o al PSOE, sino pese a ellos y su permanente hostilidad. Lo repito, el ideal de España siempre ha sido el francés: un Estado-nación, donde todo rasgo de diferencia cultural ha sido laminado. Por decirlo así: España es una Francia fracasada; Francia es una España exitosa.

¿Y qué ocurriría si Cornellà votara contra la separación? Este argumento lo he oído de l’Hospitalet de Llobregat, de Santa Coloma de Gramenet, Gavà, Cornellà, Cornellà y Cornellà. La verdad, si yo fuera de Cornellà, estaría hasta las narices. El problema es que quien así argumenta parte de la falsa idea de considerar Catalunya como una sociedad irremediablemente dividida en dos partes, la autóctona y la emigrada. Ello implica conocer muy poco la realidad sociológica catalana, muchísimo más propensa a la mixtificación que a la marginación. De hecho, un subargumento de la misma especie es el que afirma: “La mayoría de apellidos catalanes son de origen español; así pues, resulta inconcebible que sus portadores quieran separarse de España”. Pero cuando alguien intenta explicar que muchos Pérez, García o Márquez son independentistas, la reacción consiste en tildarlos ¡desde el bando españolista! de “charnegos agradecidos”. Pero en definitiva el argumento es más bien burdo: ¿por qué les preocupa tanto lo que voten en Cornellà si esas mismas voces hacen todo lo posible para que no vote nadie?

El proceso soberanista está urdido por agentes totalitarios y nazis. Las organizaciones que impulsan el proceso, la ANC y Òmnium Cultural, son de un pacifismo radical, extremo. Su modelo es Gandhi; sus dirigentes, Carme Forcadell y Muriel Casals, un paradigma de civismo. En cuanto al señor Junqueras, si pidiéramos a un millón de personas que cerraran los ojos y visualizaran su oronda figura, su sonrisa feliz y su barriga satisfecha, sus ojos picassianos y su mirada de payés risueño, y les preguntáramos: “Ahora dígame, ¿qué objeto imagina usted que este hombre sostiene en la mano?”, estoy seguro de que 999.999 contestarían: “Un porrón”. El otro, el que hace un millón, diría “una pistola Luger”, y no lo dude usted: ese otro sería articulista de El Mundo.

En aquest cas podem aplicar-hi en sentit invers el vers d’Antonio Machado dedicat als castellans dels Campos de Castilla:
 
De diez cabezas, nueve
embisten y una piensa.
Nunca extrañéis que un bruto
se descuerne luchando por la idea.


Que es podría convertir en De un millón de cabezas 999.999 embisten y una piensa.

Aquí tendríamos que recabar la famosa ley de Godwin: “A medida que un debate se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno”.

Los argumentos carpetovetónicos. El auge soberanista, o mejor dicho, el deseo de combatirlo, propició un cúmulo de sandeces realmente insólitas. En periódicos serios llegué a leer que era absurdo que quisiera separarse una autonomía donde “un 70% de sus habitantes lee regularmente en castellano”. Me gustaría corregir al mal informado columnista: de hecho, el 100% de los catalanes leemos habitualmente en castellano, un patrimonio cultural del que ni el más feroz separatista quisiera prescindir. En otro medio me informé del “argumento hidrográfico”, según el cual la secesión era inviable puesto que no existían precedentes de dos países con tanta unidad de cuencas hídricas que pudieran vivir políticamente divididos. Sugeriría al vehemente autor que consultara la geografía de dos estados, nada remotos, que han conseguido tamaño logro: Portugal comparte con España sus cuatro ríos principales: el Miño, el Duero, el Tajo y el Guadalquivir. Y personalmente lamenté que un periódico de tanta solera como Abc sucumbiera a la indigencia retórica: el 21 de julio del 2012 publicó sus “Cien razones” contra la secesión que incluían desde un alucinante argumento 74, según el cual Catalunya nunca debería independizarse porque “Don Quijote pasó por Barcelona”, hasta un pasmoso argumento 94, que alegaba el “patrimonio gastronómico común” como obstáculo insuperable para que los catalanes se separen. En fin, por decir algo diré que conozco a una pareja noruega que cocina unas espléndidas paellas y no por ello ha pedido la nacionalidad española ni piensa renunciar a la suya. En cuanto a Don Quijote, angustia pensar lo que Abc reclamaría si a Cervantes se le hubiera ocurrido pasearlo por la Luna  (com podría haver estat un capítol del Petit Príncep, de la deliciosa obra de Sain Exupery).

Afortunadamente, y como decía al principio, toda esta cochambre intelectual parece haber sido barrida. Poco a poco la discusión se aposenta en su núcleo decisivo: votar o no votar. Soseguémonos, escuchémonos, razonemos. Y votemos de una puñetera vez.

Joan A. Forès
Reflexions

dilluns, 23 de juny del 2014

23/06/14. José Antonio Zarzalejos. Todos los catalanes. Comunidad ensimismada, olla a presión, maniqueísmo de manual, La solución a la cuestión catalana, no puede venir sino de las “renuncias mutuas” y de la “reconducción”...


Benvolguts,

El nostre enemic irreconciliable, per enze, José Antonio Zarzalejos (fill de Governador franquista de Bilbao en els anys 40, i germà de l’actual capomafioso de la FAES), ens explica l’ambient de terror que es viu a Catalunya de tal forma que ni els residents ni els visitants s’atreveixen a piular contra les tesis oficials independentistes dels grans visirs del país...

Llegiu-ho i sabreu perquè Catalunya és Una comunidad ensimismada, perquè és una “olla a presión” en la que “se echa en falta en el espacio público de este país la defensa de otras posiciones (distintas a las independentistas)…

L’article és del més de març i des d’aleshores ha plogut molt, però no l’havia pogut publicar abans i la publicació de l’article anterior sobre la Caixa del mateix indesitjable individu així com el canvi de condició civil (i militar, ja que ara ja és Generalísimo de los Ejércitos, com el seu avi putatiu) del Felipe m’ha esperonat a buscar-l'article i comentar-lo!
 

Todos los catalanes

José Antonio Zarzalejos en La Vanguardia


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EL ÁGORA

Antes de citar algunos párrafos del último libro de Manuel Cruz (Una comunidad ensimismada, editado por Catarata) permítanme unas palabras sobre el autor porque lo que escribe tiene valor en la medida en que su autoridad intelectual resulta contrastada y contrastable. Cruz (Barcelona, 1951) es catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universitat de Barcelona. A sus ya rebasados sesenta años es considerado como uno de los filósofos españoles más importantes de las últimas décadas. Sus colegas le homenajearon en el 2012 con un libro colectivo titulado Vivir para pensar, prologado por Emilio Lledó, y que contenía ensayos de personalidades tan relevantes como Victoria Camps, Daniel Innerarity, Javier Muguerza o Enzo Travesedo. Manuel Cruz, además de haber publicado más de una veintena de libros, reúne los premios Anagrama de Ensayo (2005), el Espasa (2010) y, entre otros, el Jovellanos (2012). Y además de todo esto es un universitario comprometido con la sociedad catalana y española. Por eso, entre otras razones, se ha puesto al frente de los Federalistas de Izquierdas en Catalunya.

Tras el exordio anterior se entenderá por qué hay que atender a criterios de intelectuales como Cruz en estos tiempos en los que cunde, con la ignorancia, la cobardía. Nuestro autor, en Una comunidad ensimismada desarrolla la teoría de Catalunya como una “olla a presión” en la que denuncia que “se echa en falta en el espacio público de este país la defensa de otras posiciones (distintas a las independentistas) que sin duda existen, pero cuyos partidarios suelen comentar en privado, que de momento han decidido optar por un perfil bajo, o que se reservan para la hora de la verdad, cuando realmente se ponga en juego de manera irreversible el futuro de nuestra comunidad”. El autor da un paso más al sostener que “parece claro que sufre un considerable déficit democrático una sociedad en la que sus ciudadanos acaban sometidos a lo que se ha denominado, inspirándose en Tocqueville, como espiral de silencio, y prefieren mantenerse callados ante el miedo –manifiestamente inducido desde el poder– a quedar aislados o, peor aún, a recibir algún tipo de reproche social. Por supuesto, cuando se intenta plantear esta cuestión en el espacio público catalán no faltan respuestas, más o menos afines al oficialismo, que tildan de exagerado, cuando no de caricaturesco, dicho planteamiento. O por decirlo con un poco más de precisión: atribuyen a este la imperdonable falacia de convertir la anécdota (de algunas situaciones particulares) en categoría (de una presunta intimidación generalizada).

Lo que Cruz describe es perceptible para el que –como es mi caso– vive fuera de Catalunya pero la frecuenta. Existe un doble lenguaje, el privado y el público. ¿Cuál es más real?, ¿está uno y otro en función del interlocutor, la situación o la localización? Cruz llega a la conclusión de que “junto con la tendencia al unanimismo, probablemente la segunda premisa fundamental sobre la que camina el discurso soberanista merezca ser denominada homogeneísmo o tendencia a considerar a la comunidad catalana como una realidad homogénea”. De ahí que arrogarse, lo haga quien lo haga, la representación de los catalanes o de la entera Catalunya perpetre un desafuero democrático. Las expresiones y las apelaciones a “todos los catalanes”, o “todos los españoles”, resultan una burda manipulación.

Reducir a los españoles, o a España, a eslóganes felices y exitosos –en todo caso, básicos y facilones– es tan romo intelectualmente como hacer lo propio con los catalanes y Catalunya. Puede hablarse de grandes movimientos de opinión, de mayorías sociales, de fuertes tendencias, pero no de unanimidades de opinión y juicio, y menos, de intención o propósito. La solución a la cuestión catalana, por eso, no puede venir sino de las “renuncias mutuas” a las que se refirió Duran en el debate de la nación el pasado martes y de la “reconducción” a la que aludió Rajoy. El maximalismo es una forma de autoritarismo y se ampara en la ampulosidad verbal que mientras reclama el diálogo ofrece como propuesta la adhesión incondicional a sus tesis que de no producirse se denuncia como un inaceptable inmovilismo. Ganada la batalla de la simplificación de los conflictos mediante un maniqueísmo de manual, se socializan los criterios y se convierten en las guías del pensamiento correcto. Y a partir de ahí, la espiral de silencio público y de la murmuración privada. Y, según Cruz, eso ocurre ahora en Catalunya. En donde muchos, amedrentados, creen que el 10 de noviembre se despertarán bajo el nuevo régimen republicano catalán como se aseveró en la tribuna del Congreso de los Diputados.

La estancia
¿Qué virtualidad ha tenido la estancia del Príncipe de Asturias y Girona en Catalunya? No sólo la simbólica. El heredero de la Corona ha escuchado, ha visto y ha sentido. Don Felipe se ha mantenido con sobriedad y rigor en el ámbito que le correspondía sin hacer ni decir nada que no se atuviese a su condición y circunstancias. Ha acumulado una experiencia más en un momento histórico de España. La experiencia tendrá sus efectos en el medio plazo porque es sustancial que el futuro Felipe VI disponga de criterio propio sobre Catalunya y sobre el latido de su muy diversa sociedad. En la cuestión territorial –uno de esos demonios familiares recurrentes en la historia de nuestro país– la monarquía es particularmente funcional porque arbitra y modera.
José Antonio Zarzalejos

Joan A. Forès
Reflexions

dissabte, 3 de maig del 2014

03/05/14. Juan-José López Burniol. Antes muerta que de todos. España es una pirámide cuyo vértice está en Madrid y en la que todo el poder político, residenciado en dicho vértice, ha estado y está sin interrupción en manos de una casta...

Benvolguts,

És un article il·lustrat, profund, i que explica raons i conseqüències de la creació de l’Estat espanyol a partir del Regne de Castella, així com de la situació de les relacions entre l’Estat espanyol i Catalunya des de fa cent anys i escaig, ajudat dels conceptes de separatisme i particularisme d’Ortega y Gasset...

Ja sabeu que en López Burniol i jo no coincidim en gairebé res. Ell és federalista i jo no. Ell està encara enlluernat amb l’Espanya invertebrada, però eterna, de l’Ortega y Gasset i jo tampoc. Avui publica un article trampós perquè fa dir tot el que ell no vol dir als seus personatges (com en un espectacle de titelles), que són un professor que assisteix a una de les seves conferències o l’Ortega de l’any 1922. I encara triant les frases que li interessen...

El títol de l’article podria ser també: Mia o de la tumba fria, o antes partia que doblá!

Se li ha d’agrair certament al López Burniol que parli de “dinámica secesionista” i que no parli de “deriva independentista” com l’ABC, o de “crispació” o de “ambient crispat” com la tal Rosa Díez o en Pere Navarro o “d'una escalada de tensió” d’un individu de nom Matias Alonso, oficial d’artilleria de l’Exèrcit espanyol i diputat de C’s.

Antes muerta que de todos

Juan-José López Burniol en La Vanguardia

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OPINIÓN

España es una pirámide cuyo vértice está en Madrid y en la que todo el poder político lo ha tenido siempre una casta

Hay un párrafo de España invertebrada que siempre me ha sobrecogido. Escribió Ortega en 1922: “De 1580 hasta el día, cuanto en España acontece es decadencia y desintegración. (…) Primero se desprenden los Países Bajos y el Milanesado; luego Nápoles. A principios del siglo XIX se separan las grandes provincias ultramarinas, y a fines de él, las colonias menores de América y Extremo Oriente. En 1900 el cuerpo español ha vuelto a su nativa desnudez peninsular. ¿Termina con esto la desintegración? Será casualidad pero el desprendimiento de las últimas posesiones ultramarinas parece ser la señal para la dispersión intrapeninsular”.

¿Por qué ha sucedido y sucede así? ¿Cuál es la causa de que coincidiese con la pérdida de Cuba la eclosión del nacionalismo catalán? Centrándonos en los hechos que estamos viviendo en Catalunya, aventuro una respuesta. Dos son las causas que han impulsado e impulsan la dinámica secesionista:

1.       La primera es la ausencia permanente de un proyecto nacional español que sea efectivamente integrador y eficiente.

o   O, dicho con palabras de Josep Maria Bricall: “No hemos de tener un Estado porque somos diferentes históricamente, sino porque nos conviene hoy.

o   El Estado español ha sido incapaz históricamente de resolver los problemas de Catalunya, y no parece que los hechos nos indiquen que esté dispuesto a rectificar.

o   En consecuencia, ha alimentado la sensación de los catalanes de que el autogobierno podría ser más deseable, a diferencia de lo que pasa con la parte de Catalunya incorporada a Francia por el tratado de los Pirineos de 1659″.

o   Lo que significa que es posible aceptar un Estado unitario y centralista como el francés, siempre que, como este, tenga un proyecto nacional integrador y, sobre todo, sea eficaz, ya que “la pertenencia a una sociedad que dispone de unos servicios colectivos que funcionen es un hecho decisivo”. Así -por ejemplo-, el Ducado de Borgoña fue en su día un Estado de un peso superior al de la Corona de Aragón, pero ningún borgoñón reclama hoy autonomía política dentro del Estado francés porque no la necesita para satisfacer sus necesidades y, además, se siente por lo general orgulloso de ser ciudadano francés.

2.       La segunda causa tiene que ver con el poder y, para explicarla, usaré una anécdota personal. Hará un año intervine en un acto, en Madrid, sobre el tema de los temas (Catalunya-España), exponiendo mi tesis de siempre, que se concreta en la alternativa “federalismo o autodeterminación”. Al terminar, un profesor asistente me recriminó por haber pronunciado “un discurso antiguo”. “Ha usado -me dijo- viejas palabras: nación y soberanía”. A lo que respondí, en síntesis, lo siguiente:

o   “No he usado ni una sola vez la palabra nación.

o   He dicho, eso sí, que Catalunya es una comunidad humana con conciencia clara de poseer una personalidad histórica diferenciada y voluntad firme de proyectar esta personalidad hacia el futuro mediante su autogobierno (autogestión de los propios intereses y autocontrol de los propios recursos). Si a eso quiere usted llamarle una nación, llámelo así, y si no quiere, no lo haga, pero la realidad seguirá siendo la que es y, al final, se impondrá.

o   Por otra parte, no he pronunciado ni una sola vez la palabra soberanía. Porque no he venido a hablar de nación ni de soberanía; he venido a hablar de poder. Es decir, a denunciar que España -este trozo de tierra que va del Pirineo a Tarifa y de Finisterre al Cap de Creus- se ha articulado desde hace siglos como una pirámide cuyo vértice está en Madrid y en la que todo el poder político, residenciado en dicho vértice, ha estado y está sin interrupción en manos de una casta -renovada por cooptación- que lleva siglos asentada sobre el Estado, al que considera como una propiedad privada y una sociedad de socorros mutuos; una casta que agota su proyecto en la autosatisfacción de sus propios intereses, prescindiendo de un proyecto nacional inclusivo y resistiéndose por todos los medios a un reparto racional del poder político que detenta”.

Ausencia de un proyecto nacional integrador y monopolio del poder por una casta son las dos caras de una misma moneda. ¿Se han preguntado alguna vez la razón por la que los símbolos del Estado -la bandera y el himno- son tan poco valorados, cuando no francamente rechazados, en algunas zonas de España y por ciertos sectores de la sociedad española, abstracción hecha de su ubicación geográfica? La respuesta es clara, aunque nos duela a quienes quisiéramos que las cosas fuesen de otra manera: porque muchos españoles consideran que la bandera y el himno son los símbolos de un Estado que no es en realidad suyo, sino que lleva siglos usufructuado en beneficio propio por gentes que se tienen a sí mismas como su dueño. Este es a mi juicio el mal profundo de España, responsable de su invertebración y que la está llevando al borde del precipicio en que hoy se halla: que quienes de veras podrían pilotar el cambio o, al menos, no impedirlo siguen fieles a su lema de siempre: antes muerta que de todos.

Joan A. Forès
Reflexions