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dissabte, 15 d’agost del 2015

15/08/15. Juan Francisco Martín Seco. Pensiones hacia la miseria.

Benvolguts,



Pensiones hacia la miseria

Juan Francisco Martín Seco 

República de las ideas




OPINIÓN
La prueba más irrefutable de la falsedad del discurso del Gobierno acerca de la recuperación económica y de que está intentando compensar a los ciudadanos por los sacrificios exigidos se encuentra en uno de los colectivos más castigados en estos años, los pensionistas, que comenzaron a perder poder adquisitivo aquel fatídico mayo de 2010 en que Zapatero, sin motivo, se rindió con armas y bagajes a Merkel. Los presupuestos que el Gobierno acaba de presentar establecen para las pensiones un incremento en 2016 del 0,25% y como la inflación, según prevé la OCDE, será del 1,4%, se vaticina ya para ese año una nueva pérdida de poder adquisitivo superior al 1%. Es decir, que por el momento se rebajan las pensiones en términos reales en más del 1%, rebaja que puede ser aún mayor si la inflación se desvía.
El 0,25% es el menor incremento que las pensiones pueden tener según ese engendro de fórmula que se sacaron de la manga los expertos progubernamentales sin ninguna lógica ni sentido, y que la ministra de Trabajo santificó con la única finalidad de deprimir las pensiones hasta el infinito. La fórmula es una simple estratagema para engañar y disimular el objetivo que no es otro que ir deprimiendo las prestaciones públicas a favor de los fondos privados en los que tanto interés tiene la banca. Si cuando la economía crece cerca del 4% y la renta per cápita a un ritmo similar las pensiones tienen que continuar perdiendo poder adquisitivo, es evidente que ese va a ser su futuro año tras año.
El Gobierno argüirá que se trata de salvar el sistema público de pensiones, pero este se salva y se potencia con más impuestos y no reduciéndolos, especialmente en los tramos altos (tal como ha hecho Montoro en la última reforma fiscal) ni eximiendo a los empresarios de pagar cotizaciones sociales. El pasado mes de marzo el Gobierno aprobó un límite exento de 500 euros por trabajador en las cotizaciones empresariales que, dado el nivel tan bajo de los salarios y la picaresca de declarar en los contratos únicamente una parte de las retribuciones totales, implica que la mayoría de los nuevos puestos de trabajo creados están exentos de pagar Seguridad Social. Esto, junto con la tarifa plana de 50 euros establecida para los autónomos el año anterior, explica que, a pesar de la tan cacareada creación de empleo, los ingresos de la Seguridad Social solo hayan crecido hasta junio un 0,77%, mientras la afiliación lo ha hecho en el 3,4%.
El sistema público de pensiones se ha vuelto en extremo vulnerable a partir del Pacto de Toledo con la separación de fuentes de financiación y haciéndolo depender del montante de las cotizaciones sociales, lo que ha dado lugar a todo ese discurso tan falaz de la relación activos-pasivos y de la evolución demográfica (véase mi artículo del 15 de mayo de 2015), cuando lo único cierto es que mientras la renta per cápita se incremente, no hay ninguna razón para que ningún colectivo, sea el de los pensionistas o el de los bomberos, pierda poder adquisitivo, como no sea por un aumento en la desigualdad de la distribución de la renta.
El Gobierno, ante el déficit que plantea la Seguridad Social, propone en los presupuestos que acaba de presentar para 2016 coadyuvar a su financiación mediante impuestos. Aparentemente, esta medida iría en la buena dirección. Recuérdese que incluso el Pacto de Toledo, en su redacción original, y tal como fue aprobado por primera vez en el Parlamento, no establecía una separación de fuentes total, pues a instancias de IU, se afirmaba que las pensiones se financiarían principalmente (y no exclusivamente) por cotizaciones. Bien es verdad que esta matización se ha olvidado en la práctica y ahora se establece una relación unívoca entre prestaciones y cotizaciones.
He dicho aparentemente porque cuando se ahonda en las propuestas que circulan, el sentido es más bien el contrario. Se trata tan solo de que determinadas prestaciones como viudedad u orfandad, al igual que ahora las pensiones contributivas, pasen a financiarse con impuestos, con lo que la segregación de fuentes continuará vigente presionando a la baja las pensiones. Esta interpretación está más acorde con las últimas medidas adoptadas por el Gobierno de sustituir las bonificaciones en las cotizaciones sociales, que eran después compensadas por el presupuesto del Estado, por las ayudas a cargo del presupuesto de la Seguridad Social sin compensación alguna.
La defensa de las pensiones estriba en exigir que sean todos los ingresos del Estado (incluyendo las cotizaciones) los que las financien en los niveles necesarios, pero no en sustituir cotizaciones por impuestos (por ejemplo, por IVA, tal como proponen los expertos de FEDEA) dejando las prestaciones en el mismo grado de precariedad. El resultado sería únicamente trasladar carga fiscal de los empresarios a los consumidores, es decir, a todos los ciudadanos.
Por otra parte, nuestro nivel de cotizaciones (13% del PIB) está por debajo de la media de la Eurozona (14%) y a años luz de países como Holanda y Alemania (17%) y Francia (19%), e incluso Grecia nos supera ligeramente. ¿Hay que continuar bajando las cotizaciones sociales? Quizá aún más llamativo es lo relativo a impuestos. La presión fiscal en España es ocho puntos inferior a la media de la Eurozona y de la Unión Europea y está por debajo de países como Grecia, Polonia, Estonia, Portugal, Malta, República Checa, Chipre, Hungría, Eslovenia, y no digamos ya de Bélgica, Holanda, Italia, Austria, Francia, Alemania y vale más no citar a Suecia o a Dinamarca, de las que nos separan más de 15 puntos. ¿Se puede afirmar sin cierto escándalo que no se pueden pagar las pensiones y que hay que reducirlas? Todo es un problema de voluntad política y de cómo se quiera redistribuir la renta. Desde luego será difícil si lo que hace el Gobierno ante los primeros síntomas de crecimiento y de recuperación de la recaudación es bajar los impuestos.
Para los pensionistas no solo no ha llegado la recuperación económica, sino que no llegará nunca porque, de acuerdo con la última reforma, se les condena año a año a que sus retribuciones bajen en términos reales, es decir, que vayan perdiendo poder adquisitivo. Ha desaparecido el único factor positivo del pacto de Toledo, el compromiso de todas las fuerzas políticas de mantener la actualización anual de las pensiones por el IPC, que si bien les negaba participar en la mejora de la economía, al menos les garantizaba permanecer en el mismo nivel retributivo. Lo más grave es que no parece que los partidos de la oposición, ni siquiera los emergentes, tengan la menor intención de cambiar la ley aprobada por el PP y retornar a la actualización. No aparece ninguna propuesta en tal sentido. Todo lo más una leve e inconcreta promesa de mejorar las pensiones mínimas, pero es que ya todas son pensiones mínimas (excepto las privadas de los grandes ejecutivos) y más mínimas van a ser en el futuro.

dimecres, 29 d’octubre del 2014

28/10/14. Victòria Camps. De la independencia al cielo. Segons la viquipèdia la seva vida política comença als 52 anys, el 1993. El menyspreu per l’adversari mostra la categoria de la tal Victòria...L’autoodi portador de valores eternos...

Benvolguts,

Avui us presentem un article d’una sociofranquista de nom Victòria Camps.

Segons la viquipèdia, nascuda el 1941. Va ser Senadora pel PSC-PSOE a les eleccions generals espanyoles de 1993,

·       Segons la viquipèdia la seva vida política comença als 52 anys, el 1993.

·       El 1996 formà part dels signants dels manifests del Foro Babel.[1]

·       L'octubre de 2012 signà, juntament amb un centenar de professionals, un manifest a favor del federalisme espanyol i en contra la independència de Catalunya.[2]

·       Amb aquests antecedents què voleu que escrigui aquesta bona dona!

·       Si repasseu els títols dels llibres publicats per la senyora, veureu que no n’hi ha cap en català (l’ètica i el català deuen estar renyits...)

Jo tinc 4 anys més que la tal Victòria, i no em vull penjar cap medalla, però als 20 anys, el 1957, en plena dictadura franquista, ja era militant del Front Nacional de Catalunya, i coordinador del servei clandestí d’ensenyament del català a la Universitat de Barcelona,

Al 1966 es va crear el Sindicat Democràtic d’Estudiants de la Universitat de Barcelona (SDEUB). En un acte als Caputxins de Sarrià que es va anomenar La Caputxinada.

A l’època jo era professor a l’Escola d’Enginyers Industrials, que estava adscrita a la Universitat de Barcelona (UB) i vaig participar en el suport al SDEUB. El rector falangista Garcia Valdecasas ens va expulsar de la UB a 69 professors entre els quals els germans Lluch, Jordi Solé Tura, Josep M. Bricall, Joan Reventós, Isidre Molas, Miquel Roca i Junyent, Narcís Serra, etc.

Entre els estudiants hi va haver centenars d’expedientats, molts expulsats com Joaquim Boix Lluch, Albert Broggi, Francisco Fernández Buey, Alfredo Pastor, Enric Argullol, i d’altres.

I la senyora Camps? Hi era a les lluites de la universitat?

Hi havia en Maragall i tot! I no hi era la senyora Camps?

A part d’això, el menyspreu per l’adversari mostra la categoria ètica de la tal Victòria...

L’autoodi, segurament molt ètic, però “portador de valores eternos...”

Pel que fa a l’article, està ple de llocs comuns i de retrets que fa 4 o 5 anys que estem escoltant:

·       revisar las relaciones entre Cataluña y España, con reforma constitucional incluida y referéndum final para conocer el sentir y la opinión —esta vez con garantías— de los ciudadanos. 40 milions sempre dominaran a 8 milions…

·       Oriol Junqueras, que ha renunciado del todo a cualquier entendimiento con España que no contemple previamente la ruptura. L’entesa només es pot abordar entre iguals…

·       se impondrá una negociación larga con el Gobierno de España o, en el caso de que esta fracase, otra negociación aún más larga con las autoridades europeas. Com ho sap la senyora Camps si la negociació será curta o llarga i si la negociació amb la CE será més o menys llarga que la negociació amb el Reino de Castilla (Estado español)…

·       Y no solo depende de eliminar el déficit fiscal. Ah, però hi ha déficit fiscal? El señor Montoro i el señor de la Fuente diuen que no n’hi ha…

I ara l’articulet:

De la independencia al cielo

Victòria Camps en El País


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OPINIÓN

Tirar la toalla de la negociación y del diálogo es ceder a la impotencia, el mayor enemigo del progreso y la emancipación

Nadie hubiera dicho hace unos años, cuando el nacionalismo catalán era sinónimo de liberación, que declararse nacionalista estaría mal visto, fuera cuál fuera la nación de referencia. El núcleo duro del independentismo se confiesa solo independentista. Así lo hacía Oriol Junqueras en el programa de Jordi Évole: no soy nacionalista, soy independentista. ¿Independencia porque sí? No exactamente. Las razones que justifican la independencia son, en primer lugar, el reiterado desprecio del Estado español por la singularidad catalana, que ha hecho fracasar todos los intentos por conseguir un reconocimiento del poder político y una financiación suficiente para Cataluña. La segunda razón es que una Cataluña independiente será el país que todos deseamos: más libre, más demócrata, más equitativo, sin corrupción.

Por increíbles que nos parezcan a quienes no compartimos ni el ideal independentista ni argumentos tan simples para justificarlo, estas son las razones que han penetrado hasta el fondo en la mente y el corazón de los que comulgan con la fe secesionista. Convendría notar en su contra que el argumento de romper con el Estado español, con la excusa de que todo intento de conseguir un encaje con Cataluña ha sido y será inútil, no es un alarde de sabiduría política. Al contrario, hacer política es no cejar en el empeño de negociar para resolver los conflictos generados por intereses contrapuestos. Tirar la toalla de la negociación y del diálogo es ceder a la impotencia, el mayor enemigo de la emancipación y del progreso que debieran estar en el horizonte de la buena política.

El espectáculo que han dado los partidos del “derecho a decidir” muestra que la reticencia a la negociación no está solo fuera, sino en los mismos artífices del proceso. Solo desde la lógica partidista se comprende que ni ICV ni ERC quieran “perder el tiempo”. Y que las prisas por llegar a la independencia de ERC no sean compartidas por CDC que necesita más tiempo para reconvertirse y que no acepta la desobediencia como método. Llegado el momento decisivo, el interés general, incluso cuando este se denomina “independencia”, ha sido vencido por el interés en las elecciones.

Tanto si se abraza la independencia por sí misma, como si se emprende un replanteamiento que mejore el autogobierno de Cataluña, la negociación con el Gobierno español será inevitable. El Informe del Consell Assessor per a la Transició Nacional es diáfano al respecto: tras una DUI (declaración unilateral de independencia), la medida más extrema, se impondrá una negociación larga con el Gobierno de España o, en el caso de que esta fracase, otra negociación aún más larga con las autoridades europeas. Todo será difícil y, sobre todo, largo. Más largo y, sin duda, más complejo que aprovechar el potencial desencadenado por la espiral independentista para revisar las relaciones entre Cataluña y España, con reforma constitucional incluida y referéndum final para conocer el sentir y la opinión —esta vez con garantías— de los ciudadanos.

Pero no es ese el rumbo que quiere marcar la fuerza más poderosa, la de Oriol Junqueras, que ha renunciado del todo a cualquier entendimiento con España que no contemple previamente la ruptura. A su juicio y al de los suyos, solo una Cataluña libre de la “opresión” española podrá construirse como un país mejor. La desconfianza y el desánimo que a los secesionistas les produce el Gobierno de España (esté en manos del PP, del PSOE o de cualquier otra conjunción de partidos “españoles”), es directamente proporcional a la fe ciega en las posibilidades de una Cataluña soberana y próspera.

No lo cree solo Junqueras, el aludido Informe sobre la Transición Nacional comulga con tan desmedida ilusión al señalar de entrada que el proceso hacia la independencia tiene como fin “hacer de Cataluña un país nuevo donde todos vivan mejor, donde se garantice la cohesión social y el bienestar de todas las personas”. Las razones no son sentimentales ni miran solo a un pasado de dominación, sino a la supuesta potencialidad de los catalanes de construir un estado inédito, sobre bases cívicas y de justicia social. El nosotros catalán tiene por lo visto capacidades de las que carece el resto de los españoles.

No es broma, la ilusión la comparten y la expresan en tales términos muchos de los que se han sumado a la ola independentista. No importa que la política catalana haya mostrado hasta ahora tener los mismos defectos que exhiben nuestros vecinos: la misma corrupción, los mismos recortes, el mismo fracaso escolar, el mismo despilfarro, la misma burbuja inmobiliaria. No importa que los años de autogobierno catalán, por escaso que este sea a juicio de los insatisfechos, no hayan servido para crear en Cataluña ninguna estructura muy distinta de las que tienen otras autonomías y el propio Estado español. El salto hacia la Arcadia no necesita otra base que liberarse de España.

No nos dejemos engañar más. Las rupturas no traen por sí solas mejoras sustanciales. Vivir en una sociedad decente y que funcione es fruto de la buena voluntad de quienes viven en ella y, en especial, quienes la gobiernan. Y no solo depende de eliminar el déficit fiscal.

Victòria Camps es profesora emérita de la UAB.

Joan A. Forès
Reflexions

dissabte, 30 d’agost del 2014

30/08/14. Albert Sánchez Piñol. Votar o no votar. La primera reacción ante el proceso fue tan espasmódica, tan vitriólica y tan improvisada, que se dijeron auténticas barbaridades. El proceso soberanista está urdido por agentes totalitarios y nazis.


Benvolguts,

L’Albert Sánchez Piñol, que és de formació antropòleg (que vol dir estudiós del coneixement humà), fa una disquisició, segons ell diu digna de Shakespeare,  i que porta de títol Votar o no votar.

En Sánchez Piñol deu haver gaudit d’allò més analitzant i escrivint aquest article. Analitza molt bé el conjunt d’animalades que els intel·lectuals (?), escriptors i polítics castellans han arribat a deixar anar i a escriure des que se n’estan adonant que
en el contenciós amb Catalunya, tenen la partida perduda!

Amb fina ironia, quan no amb tota la conya en Sánchez Piñol analitza i rebrega les expressions que s’han escrit o pronunciat.

L’article del Sánchez Piñol m’ha recordat que l’altre dia vaig llegir en un acudit que un personatge deia Fixa’t que bé, a Espanya només signant un manifest ja t’has convertit en intel·lectual! I una de les animalades que s’han dit des de la intel·lectualitat (?) castellana i que ell comenta és que “La mayoría de apellidos catalanes son de origen español; así pues, resulta inconcebible que sus portadores quieran separarse de España”. Una altra de les animalades (sandeces en diu en castellà) que es podrien afegir  es que en  Sánchez Piñol portant en el cognom una ñ (lletra que no existeix en català) resulta inconcebible que su portador quiera separarse de España”, i així ad nauseam!

I acaba amb el seu argument principal:

Y votemos de una puñetera vez.

Permeteu-me ara que us copiï un poema, que trobarem més endavant:

Antonio Machado. Campos de Castilla. Proverbios y cantares. XXIV

De diez cabezas, nueve
embisten y una piensa.
Nunca extrañéis que un bruto
se descuerne luchando por la idea.

I ara us proposo l’article:

Votar o no votar

Albert Sánchez Piñol en La Vanguardia

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OPINIÓN

El tiempo corre veloz cuando la historia apremia. La frase podría ser de Shakespeare, y sin duda describe muy o bien la celeridad del debate soberanista. La primera reacción ante el proceso fue tan espasmódica, tan vitriólica y tan improvisada, que se dijeron auténticas barbaridades. De hecho, que el proceso avanza a una velocidad extraordinaria se constata por el hecho de que los siguientes argumentos, tan habituales hace tan sólo unos meses, prácticamente han desaparecido de la escena mediática.

Un referéndum sobre la independencia de Catalunya tendría que celebrarse en toda España. Ni Canadá ni Gran Bretaña han planteado algo así respecto a Escocia o Quebec. El único precedente remotamente parecido fue el de la Francia de De Gaulle, que orquestó un referéndum sobre Argelia que en realidad era un puro trámite. España es muy francesa. Su proyecto siempre ha sido centralista y uniformizador. Si el autogobierno catalán existe no es gracias al PP o al PSOE, sino pese a ellos y su permanente hostilidad. Lo repito, el ideal de España siempre ha sido el francés: un Estado-nación, donde todo rasgo de diferencia cultural ha sido laminado. Por decirlo así: España es una Francia fracasada; Francia es una España exitosa.

¿Y qué ocurriría si Cornellà votara contra la separación? Este argumento lo he oído de l’Hospitalet de Llobregat, de Santa Coloma de Gramenet, Gavà, Cornellà, Cornellà y Cornellà. La verdad, si yo fuera de Cornellà, estaría hasta las narices. El problema es que quien así argumenta parte de la falsa idea de considerar Catalunya como una sociedad irremediablemente dividida en dos partes, la autóctona y la emigrada. Ello implica conocer muy poco la realidad sociológica catalana, muchísimo más propensa a la mixtificación que a la marginación. De hecho, un subargumento de la misma especie es el que afirma: “La mayoría de apellidos catalanes son de origen español; así pues, resulta inconcebible que sus portadores quieran separarse de España”. Pero cuando alguien intenta explicar que muchos Pérez, García o Márquez son independentistas, la reacción consiste en tildarlos ¡desde el bando españolista! de “charnegos agradecidos”. Pero en definitiva el argumento es más bien burdo: ¿por qué les preocupa tanto lo que voten en Cornellà si esas mismas voces hacen todo lo posible para que no vote nadie?

El proceso soberanista está urdido por agentes totalitarios y nazis. Las organizaciones que impulsan el proceso, la ANC y Òmnium Cultural, son de un pacifismo radical, extremo. Su modelo es Gandhi; sus dirigentes, Carme Forcadell y Muriel Casals, un paradigma de civismo. En cuanto al señor Junqueras, si pidiéramos a un millón de personas que cerraran los ojos y visualizaran su oronda figura, su sonrisa feliz y su barriga satisfecha, sus ojos picassianos y su mirada de payés risueño, y les preguntáramos: “Ahora dígame, ¿qué objeto imagina usted que este hombre sostiene en la mano?”, estoy seguro de que 999.999 contestarían: “Un porrón”. El otro, el que hace un millón, diría “una pistola Luger”, y no lo dude usted: ese otro sería articulista de El Mundo.

En aquest cas podem aplicar-hi en sentit invers el vers d’Antonio Machado dedicat als castellans dels Campos de Castilla:
 
De diez cabezas, nueve
embisten y una piensa.
Nunca extrañéis que un bruto
se descuerne luchando por la idea.


Que es podría convertir en De un millón de cabezas 999.999 embisten y una piensa.

Aquí tendríamos que recabar la famosa ley de Godwin: “A medida que un debate se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno”.

Los argumentos carpetovetónicos. El auge soberanista, o mejor dicho, el deseo de combatirlo, propició un cúmulo de sandeces realmente insólitas. En periódicos serios llegué a leer que era absurdo que quisiera separarse una autonomía donde “un 70% de sus habitantes lee regularmente en castellano”. Me gustaría corregir al mal informado columnista: de hecho, el 100% de los catalanes leemos habitualmente en castellano, un patrimonio cultural del que ni el más feroz separatista quisiera prescindir. En otro medio me informé del “argumento hidrográfico”, según el cual la secesión era inviable puesto que no existían precedentes de dos países con tanta unidad de cuencas hídricas que pudieran vivir políticamente divididos. Sugeriría al vehemente autor que consultara la geografía de dos estados, nada remotos, que han conseguido tamaño logro: Portugal comparte con España sus cuatro ríos principales: el Miño, el Duero, el Tajo y el Guadalquivir. Y personalmente lamenté que un periódico de tanta solera como Abc sucumbiera a la indigencia retórica: el 21 de julio del 2012 publicó sus “Cien razones” contra la secesión que incluían desde un alucinante argumento 74, según el cual Catalunya nunca debería independizarse porque “Don Quijote pasó por Barcelona”, hasta un pasmoso argumento 94, que alegaba el “patrimonio gastronómico común” como obstáculo insuperable para que los catalanes se separen. En fin, por decir algo diré que conozco a una pareja noruega que cocina unas espléndidas paellas y no por ello ha pedido la nacionalidad española ni piensa renunciar a la suya. En cuanto a Don Quijote, angustia pensar lo que Abc reclamaría si a Cervantes se le hubiera ocurrido pasearlo por la Luna  (com podría haver estat un capítol del Petit Príncep, de la deliciosa obra de Sain Exupery).

Afortunadamente, y como decía al principio, toda esta cochambre intelectual parece haber sido barrida. Poco a poco la discusión se aposenta en su núcleo decisivo: votar o no votar. Soseguémonos, escuchémonos, razonemos. Y votemos de una puñetera vez.

Joan A. Forès
Reflexions

dijous, 21 d’agost del 2014

16/08/14. Juan Ramón Rallo. ¿Por qué en España se recauda menos que en Europa? Economia submergia i corrupció. Espanya versus Europa i els paisos nòrdics

Benvolguts,

Avui comentarem un article de Juan Ramón Rallo, ¿Por qué en España se recauda menos que en Europa. Sembla que aquest xicot és com el Pancho López, pequeño pero matón. Als 30 anys ja ho ha fet tot. I coixeja cap a la dreta liberal i portadora de valores eternos. Guaiteu quins són els objectius del Instituto Juan de Mariana (IJM):

És un think tank independiente con sede en Madrid fundado en el año 2005 (el xicot tenia 21 anys...): "dar a conocer al gran público español, europeo y latinoamericano, los beneficios que para los intereses generales proporcionan la propiedad privada, la libre iniciativa empresarial y la limitación del ámbito de actuación de los poderes públicos". No deu estar massa d’acord amb el Pablo Iglesias ni amb Friedrich Engels (autor del sempre recomanable llibre “Els orígens de la familia, la propietat privada i l’estat”. http://es.slideshare.net/javiercabrerau/el-origen-de-la-f).
http://es.slideshare.net/guestc81620/el-origen-de-la-familia-la-propiedad-privada-y-el-estado-federico-engels?related=1

Sembla que el Pancho López vagi disfressat de Robin Hood!: Troba que la UE, Suècia i Finlàndia, no són bons exemples de gestió de la pressió fiscal, ja que l’economia submergida del Reino de España no és tant més alta que la d’aquests països:

·       La economía sumergida no es en España abisalmente diferente a la del resto de Europa o a la de los países nórdicos

I asegura que al Reino de España els estratos más humildes de la sociedad, són els que proporcionalment paguen menys impostos:

·       Quienes pagan relativamente muchos menos impuestos en España frente a Europa no son las rentas más altas, sino los estratos más humildes de la sociedad

·       Los tipos efectivos sobre la renta de la mitad de la población más pobre son muchísimo más bajos en España que en los nórdicos

I conclou que no cal apujar impostos. ¿Puede España duplicar la tributación que están soportando las rentas más bajas? A mi juicio no: lo razonable es bajar el gasto y bajar impuestos, no lo contrario.

És clar que cal abaixar la descomunal despesa del Reino de España, però de passada podria apujar impostos a les rendes més altes…

És interessant perquè dóna moltes dades comparatives entre el Reino de España i Europa i també és interessant perquè distingeix molt bé entre impostos directes, indirectes, cotitzacions SS a càrrec de l'empresa i del treballador, tot sempre degudament cuinat... 
 
Ara podem veure la seva exposició i els seus raonaments:
¿Por qué en España se recauda menos que en Europa

Juan Ramón Rallo en Vozpopuli.com


Juan Ramón Rallo Julián (nacido el 13 de marzo de 1984) es un economista español de la escuela austríaca. Rallo es escritor, docente en varias universidades, y también es conocido por su presencia mediática en espacios de análisis económico. Es socio fundador del Instituto Juan de Mariana y su actual director.
Es licenciado en Derecho y licenciado en Economía por la Universidad de Valencia (con sendos Premios Extraordinarios de fin de carrera), máster en economía de la Escuela austríaca y doctor en economía por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Actualmente es profesor y codirector del Máster en Economía del Centro de Estudios Superiores Online de Madrid Manuel Ayau (OMMA) y en la Escuela Superior de Negocios ISEAD.
El Instituto Juan de Mariana (IJM) es un think tank independiente con sede en Madrid fundado en el año 2005. Sus objetivos son, según sus estatutos, "dar a conocer al gran público español, europeo y latinoamericano, los beneficios que para los intereses generales proporcionan la propiedad privada, la libre iniciativa empresarial y la limitación del ámbito de actuación de los poderes públicos".[1

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La presión fiscal de España en el año 2012 fue del 33,3% del PIB mientras que la del resto de Europa fue del 39,5%. Más de seis puntos sobre el PIB de diferencia que, en caso de suprimirlos, le permitirían a Hacienda recaudar más de 60.000 millones de euros adicionales y acabar con el déficit público. La respuesta, pues, parece obvia: hay que equiparar fiscalmente a España con Europa y… problema terminado.

Sin embargo, mucho me temo que quienes defienden la necesidad de tal incremento en la presión fiscal se están imaginando que serán otros, acaso los ricos, los que carguen con tamaña factura. Tal vez convendría que desglosáramos a qué se debe nuestro diferencial tributario con Europa.

La estructura de la presión fiscal en la Unión Europea

La presión fiscal española —equivalente al 33,3% del PIB en 2012— se desglosa del siguiente modo: 10,6% del PIB en impuestos directos, 10,7% en impuestos indirectos y 12% en cotizaciones sociales. Dentro de los impuestos indirectos destaca el IVA —con el 5,5% del PIB—, y dentro de los directos el IRPF —con el 7,7% del PIB— y Sociedades —con 2,2% del PIB—; a su vez, las cotizaciones a la Seguridad Social se dividen en 8,4% del PIB a cargo del empresario, 1,8% a cargo del trabajador y 1,8% a cargo de los autónomos.

En cambio, en el conjunto de la Unión Europea, la presión fiscal del 39,5% del PIB se divide del siguiente modo: 13,2% del PIB en impuestos directos, 13,6% en indirectos y 12,7% en cotizaciones sociales. Dentro de los indirectos, destaca el IVA —con el 6,1% del PIB—, y de los directos el IRPF —con el 9,4% del PIB— y Sociedades —con el 2,6% del PIB—; a su vez, las cotizaciones sociales se dividen en 7,3% del PIB a cargo del empresario, 3,9% a cargo del trabajador y 1,5% a cargo de los autónomos.

Por consiguiente, para equipararnos fiscalmente con Europa, la recaudación por impuestos directos debería aumentar en 2,6 puntos del PIB (sobre todo, 1,7 puntos de IRPF y 0,4 puntos de Sociedades), la recaudación por indirectos en 2,9 puntos y las cotizaciones sociales en 0,7 puntos (si bien, las que se encuentran a cargo del empresario deberían reducirse en 1,1 puntos, las de los autónomos en 0,3 puntos y las de los trabajadores por cuenta ajena aumentar en 2,2 puntos). Dicho de otro modo, para equipararnos con Europa deberíamos subir muy sustancialmente la fiscalidad indirecta (IVA e Impuestos especiales) y la del IRPF, así como las cotizaciones sociales a cargo del trabajador.

Por supuesto, una mayor recaudación por estos conceptos no significa que los tipos impositivos deban subir: en teoría, es posible bajar los impuestos y recaudar más (eso es lo que sucede, por ejemplo, con la recaudación por Sociedades en Irlanda). Para saber exactamente quién soportaría la carga de la “equiparación fiscal con Europa” debemos echarle un vistazo a los tipos impositivos implícitos sobre el trabajo, el consumo y el capital (es decir, el gravamen medio al que tributa el gasto al consumo, las rentas del trabajo y las rentas del capital).

Pues bien: para equipararnos con Europa, el tipo implícito sobre el consumo debería aumentar del 14% al 24,5% (un aumento de la fiscalidad sobre el consumo del 75%), el tipo implícito sobre las rentas del trabajo debería pasar del 33,5% al 36,1% (un incremento del 7,7%) y el tipo implícito sobre las rentas del capital desde el 25,3% al 29,5% (un incremento del 16%). Por tanto, el sablazo fundamental vendría de una mucho mayor tributación indirecta (casi duplicar su carga actual). Tal vez alguno considere que al menos con este esquema las empresas también saldrán esquilmadas; sin embargo, dentro de los tipos implícitos sobre el capital, los que más habría que subir, para equipararnos con Europa, son los que afectan a familias y autónomos: del 13% al 16,8% (un 29,3% de subida), mientras que los que afectan a empresas apenas crecerían del 17,8% al 19,2% (un 7,8%).

La estructura de la presión fiscal en Suecia

Visto lo visto, parece que la Unión Europea no es un magnífico espejo tributario en el que mirarse: sí, la presión fiscal es mayor que en España pero la soportan esencialmente las familias a través de una mayor fiscalidad indirecta, mientras que a las empresas apenas se las toca el pelo. Tal vez sea conveniente emular fiscalmente dentro de Europa a ese paradigma de Estado socialdemócrata que es Suecia.

En Suecia, la presión fiscal es del 44,2% del PIB —10,9 puntos superior a la española— y se desglosa del siguiente modo: 18,3% del PIB en impuestos directos, 18,7% en impuestos indirectos y 7,2% en cotizaciones sociales. Dentro de los impuestos indirectos destaca el IVA —con el 9,3% del PIB— y dentro de los directos el IRPF —15,2% del PIB— y Sociedades —2,9% del PIB—; a su vez, las cotizaciones sociales las paga íntegramente el empresario —con 7% del PIB— y los autónomos —con 0,2% del PIB—, no hay propiamente cotizaciones sobre el trabajador por cuenta ajena.

Por tanto, para equipararnos fiscalmente con Suecia deberíamos aumentar la recaudación por impuestos directos en 7,7 puntos (en especial, IRPF con 7,5 puntos adicionales y Sociedades con 0,7 puntos, minorando otra tributación directa), la recaudación por impuestos indirectos debería incrementarse en 8 puntos y la recaudación por cotizaciones sociales habría que reducirla en 4,8 puntos (1,4 puntos la del empresario, 1,8 puntos la del trabajador y 1,6 puntos la del autónomo). Por tipos impositivos implícitos la imagen cambia poco: el tipo implícito sobre el consumo en Suecia es del 26,5% (un 90% superior al español), sobre el trabajo un 38,6% (un 15% superior al español) y sobre el capital un 30,6% (un 21% superior al español).

Por consiguiente, el sistema sueco implica una subida generalizada de impuestos, especialmente en impuestos sobre el consumo, cuyo tipo medio se incrementaría en un 90%. ¿Verdaderamente queremos cuasi duplicar el IVA y los Impuestos Especiales? Acaso algunos crean que la clave del modelo sueco es que esos altos impuestos indirectos se ven compensados por una fiscalidad extremadamente progresiva en los impuestos directos. Pero no: el tipo medio efectivo por quintil de renta en el IRPF subiría, especialmente, para el 60% de la población con menor renta (cuyos tipos efectivos se duplicarían o más que duplicarían).

Para muestra, un botón: las rentas inferiores a 2.000 euros anuales no pagan prácticamente IRPF en España, mientras que en Suecia abonan el 11,2%.

En definitiva, copiar el modelo sueco implicaría duplicar la tributación sobre el consumo y duplicar (o más que duplicar) el tipo efectivo del IRPF del 60% de contribuyentes con menor renta (el 20% más rico, en cambio, sólo la vería aumentar un 27%). ¿Ese es el modelo tributario que queremos para España?

La estructura de la presión fiscal en Finlandia

Quizá ni la Unión Europea ni Suecia sean buenos modelos fiscales a copiar. Pero, ¿qué tal Finlandia? La presión fiscal de Finlandia es prácticamente la misma que la sueca —44,1% del PIB— pero repartida de una forma algo distinta: 16,3% del PIB por impuestos directos, 14,7% por indirectos y 13,2% por cotizaciones sociales. Dentro de los impuestos indirectos destaca el IVA, con el 9,2% del PIB, y dentro de los directos el IRPF, con el 13% del PIB y Sociedades con el 2,2%; a su vez, las cotizaciones sociales se distribuyen con un 9,2% para empresarios, 3% para trabajadores y 1% para autónomos.

Por tanto, para parecernos a Finlandia deberíamos aumentar la recaudación por impuestos directos en 5,7 puntos (en especial, IRPF con 6,3 puntos adicionales, para así reducir otra recaudación directa como la de Sociedades), la recaudación por impuestos indirectos debería incrementarse en 4 puntos y la recaudación por cotizaciones sociales debería crecer 1,2 puntos (0,8, puntos la del empresario, 1,2 puntos la del trabajador y reducir 0,8 puntos la del autónomo). Por tipos impositivos implícitos la imagen es muy similar: el tipo implícito sobre el consumo en Finlandia es del 26,4% (un 88,5% superior al español), sobre el trabajo un 40,1% (un 19,7% superior al español) y sobre el capital un 29,9% (un 18% superior al español). Hay que aclarar que el tipo implícito sobre el capital es más alto por la superior tributación de las rentas del capital familiares y de autónomos (tipo implícito del 22,7% frente al 13% español) no por la tributación de Sociedades (que es más bajo en Finlandia: del 17,5% frente al 17,8% español).

Por consiguiente, el modelo tributario finés también implica una subida de la tributación sobre el consumo del 90% y una rebaja en la tributación a las empresas. Pero, ¿es al menos su tributación directa más progresiva que al sueca? Pues no. Nuevamente, los contribuyentes que más notarían la subida de los tipos efectivos del IRPF son el 60% de contribuyentes con menor renta.

Una breve nota sobre la economía sumergida

Por terminar de despejar mitos: la economía sumergida no es en España abisalmente diferente a la del resto de Europa o a la de los países nórdicos. Según las estimaciones más fiables, las del experto mundial Friedrich Schneider, el peso de la economía sumergida en el PIB español es del 18,6%, frente al 18,4% de la Unión Europea, al 13,9% de Suecia o al 13% de Finlandia. La diferencia con Suecia, pues, es de apenas 4,7 puntos de PIB: si esos 4,7 puntos tributaran al 40%, lograríamos una recaudación adicional de 1,9 puntos. Con respecto a Finlandia es de 5,6 puntos, por lo que si la graváramos al 40%, recaudaríamos 2,25 puntos adicionales. Por tanto, si la presión fiscal en Europa es 6,2 puntos superior a la española o si en Suecia y Finlandia es 10,9 puntos mayor, no es porque nuestra economía sumergida esté mucho más extendida: es porque en los otros países se pagan más impuestos.

Conclusión

Tal como reza la sabiduría convencional, es verdad que en España pagamos menos impuestos que en el conjunto de Europa o que en los países nórdicos y, por eso, nuestra presión fiscal es más reducida. Pero, a diferencia de lo que sostiene la sabiduría convencional, quienes pagan relativamente muchos menos impuestos en España frente a Europa no son las rentas más altas, sino los estratos más humildes de la sociedad: por un lado, los gravámenes sobre el consumo son en España mucho menores que en Europa y, sobre todo, que en los países nórdicos; por otro, los tipos efectivos sobre la renta de la mitad de la población más pobre son muchísimo más bajos en España que en los nórdicos.

¿Puede España duplicar la tributación que están soportando las rentas más bajas? A mi juicio no: lo razonable es bajar el gasto y bajar impuestos, no lo contrario. Pero eso, duplicar la tributación de los ciudadanos más pobres, es lo que en el fondo —quizá sin saberlo— defienden quienes quieren más gasto y más impuestos. El “que paguen los ricos” es puro populismo tributario, pues los ricos no están pagando sustancialmente menos que en el resto de Europa: quienes pagan menos que en el resto de Europa —de la Europa con Estados más grandes— son los pobres. ¿De verdad queremos saquearlos tributariamente para mayor gloria de un Estado sobredimensionado?

Juan Ramón Rallo

Joan A. Forès
Reflexions

diumenge, 17 d’agost del 2014

17/08/14. *. Antoni Zabalza . La reforma fiscal de la abundancia. El Gobierno ha bajado los impuestos como si a las finanzas públicas les sobrase el dinero. Propaganda del clan Montoro. “Si nos sobra el dinero, ¿por qué no devolverlo a los ciudadanos?” .

Benvolguts,

L’economista valencià, encara que no exerceix de valencià, Antoni Zabalza, explica de forma coherent la mentida del clan Montoro-De la Fuente-Rajoy, etc, sobre que la reforma fiscal afavorirà les rendes baixes i castigarà les altes!

Pel que jo he sentit i llegit, el Gobierno està practicant una fugida endavant:

·       per assumir els rescats de Bankia, Catalunya Caixa i altres Caixes petites (que no tornaran els capitals que han estafat als petits inversors als que varen col·locar renda escombraria, el deute subordinat i les participacions preferents),

·       així com per sortir-se’n d’un possible rescat del Reino de España pels homes de negre, per culpa entre d’altres raons d’un deute públic escandalós, equivalent al 100% del PIB espanyol, tal com explica el Zabalza.


Així el Gobierno intenta sortir de la voràgine dels seus problemes financers amb una nova reforma fiscal. El que jo havia entès és que el que el Gobierno pretenia era:

·       En una primera part abaixar impostos de l’IRPF per tal que els españolitos es pensessin que tenien més diners a la segona part de l’any, i per tant que se’ls gastessin en una eufòria gairebé etílica, i que semblés que España va bién.

·       La segona part (“nunca segundas partes fueron buenas” diu el refranyer espanyol) consistiria a apujar l’IVA exageradament per tal que el tresor recuperés els diners no obtinguts amb la rebaixa de l’IRPF.

I aquesta explicació encara és més coherent si tal com demostra Zabalza l’IRPF per les rendes mitges no baixarà i per les altes sí que baixarà!

Llegiu-ho i intenteu entendre-ho!

La reforma fiscal de la abundancia

Antoni Zabalza en El País


PrintFriendly and PDFImprimirEl Gobierno ha bajado los impuestos como si a las finanzas públicas les sobrase el dinero. El tramo de ingresos más elevados consigue el mayor aumento de renta disponible derivado de la rebaja tributaria

Cualquiera diría que la reforma fiscal presentada recientemente es la de un país que acaba de descubrir importantes reservas de gas natural o lleva años reduciendo su deuda pública hasta niveles embarazosamente bajos. “Si nos sobra el dinero, ¿por qué no devolverlo a los ciudadanos?” sería el lema de esta idílica reforma. Pero desgraciadamente la realidad es muy otra. Llevamos siete años de una crisis que nos ha hecho perder el 7% de nuestro producto, uno de cada cuatro españoles en edad de trabajar está en el paro y la deuda pública, que en 2007 suponía el 36,1% del PIB, este año sobrepasará la cota del 100% y seguirá creciendo. La reforma también dará respuesta a estos problemas, parece decirnos el Gobierno cuando afirma que a raíz de la rebaja fiscal el PIB aumentará un 0,55%. Pero esto lo dice sin alardear, porque naturalmente no está seguro de ello. El énfasis lo pone en los efectos distributivos de la reforma. Hay dinero para todos; la reforma del IRPF reduce la carga impositiva de todos los contribuyentes y hace el sistema más equitativo; habrá una “mayor rebaja para las rentas medias y bajas”. Examinemos pues el efecto de la reforma por niveles de renta y veamos en qué medida estamos o no ante la reforma equitativa que sugiere la información oficial.

No disponemos de los datos necesarios para poder simular de forma exacta los cambios propuestos, pero sí hay información suficiente para dar por lo menos una respuesta aproximada, particularmente si dejamos de lado los cambios específicos y nos concentramos en los generales: los que interesan a la tarifa, a la reducción por obtención de rendimientos del trabajo (RORT) y a las deducciones por mínimo personal y familiar (DPF). Estos son los tres elementos clave del IRPF que determinan las consecuencias de la reforma para la gran mayoría de contribuyentes. Además, aunque no disponemos de datos individuales, sí contamos con una estadística pública proporcionada por la Agencia Tributaria, muy rica en información agregada por tramos de renta y cuyo último ejercicio liquidado es el correspondiente al año 2012.

Para definir las rentas a las que aplicar la reforma, tomamos las rentas del trabajo y del ahorro de los 10 tramos de renta dados por la Agencia, y de la suma ponderada de ambos conceptos derivamos la renta total de nuestros 10 contribuyentes tipo. Para simplificar, ignoramos los tres tramos por debajo de los 6.000 euros de renta (4,2 millones de contribuyentes, un 22% del total) cuya tributación efectiva, debido al bajo nivel de renta y a la posibilidad de recuperar lo retenido, es prácticamente cero antes y después de la reforma. Esto nos deja con siete contribuyentes tipo que, para facilitar la referencia vamos a llamar A, B, C, D, E, F y G, cuya renta declarada en euros es, respectivamente, 10.057, 16.924, 25.816, 38.749, 74.335, 194.830 y 1.233.772. Cada uno de estos siete tipos representa a un número variable de contribuyentes. A representa a 3,7 millones; B, a 5,1 millones; C, a 3,0 millones; D, a 2,7 millones; E, a 548.823; F, a 60.313, y G, a 4.618 contribuyentes. Los siete tipos también varían en la proporción que las rentas del trabajo y del ahorro guardan entre sí. A, B y C apenas tienen un 4% de rentas del ahorro; D tiene un 5,5%; E, un 10,5%; F, un 27,4%, y G, un 53,0%.

La reforma reduce drásticamente las tarifas aplicables tanto a las rentas del trabajo como a las del ahorro. Definiendo el cambio como el que va de la situación vigente a la propuesta para 2016, en la tarifa del trabajo, los tipos marginales mínimos bajan del 24,75% al 19%, y los máximos del 54% al 45%. En la tarifa del ahorro, los mínimos bajan del 21% al 19% y los máximos del 27% al 23%.

El segundo cambio en importancia es el de las DPF. El mínimo personal aumenta un 8,6%, la deducción por hijos un 20,7%, por ascendientes, un 25% y por discapacitados, un 27,6%. El efecto real, sin embargo, es menor debido a que estas deducciones se valoran a la nueva tarifa y esta es inferior a la antigua. En promedio, el aumento de las DPF es un 11,5%.

El tercer y último cambio es el de la RORT. La nueva fórmula aumenta la reducción de A en un 14%, pero elimina la vigente reducción de 2.652 euros para los seis tipos restantes. Como compensación, la propuesta introduce un nuevo gasto deducible de 2.000 euros por otros conceptos, que se ven incrementados por traslado y por discapacidad, pero no, como ocurre ahora, por prolongación de la actividad laboral después de los 65 años. En su conjunto esto supone que la reducción efectiva de rentas aumenta un 83% para el tipo A, y disminuye un 19,8% para los demás tipos.

De resultas de la reforma todos los contribuyentes pagan menos impuestos. Ahí tiene razón el Gobierno, pero la rebaja no se produce de manera uniforme. Por orden ascendente de renta y como porcentaje de lo que pagan ahora, la rebaja de impuestos de nuestros siete tipos es la siguiente. A: 100; B: 20,9; C: 12,9; D: 8,4; E: 9,6; F: 9,5, y G: 14,5. Hasta el tipo D la rebaja es menor a medida que la renta crece. Sin embargo, a partir de ese nivel la rebaja crece, primero moderadamente para los tipos E y F, y luego con fuerza para el tipo G. Es decir, a partir del tipo D la rebaja es mayor a medida que la renta crece.

La anterior es la forma en que el Gobierno mide el efecto de la reforma, que equivale a averiguar cómo varían los impuestos pagados. Esto explica la exagerada rebaja del 100% del tipo A. Este contribuyente pagaba 65 euros antes de la reforma y pagará 0 euros después de la misma, pero ello no quiere decir que su situación económica haya mejorado casi cinco veces más que la del tipo B. Otra forma de medir el efecto de la reforma, más adecuada para hacer comparaciones entre contribuyentes, es en términos del efecto de la misma sobre la renta disponible (es decir, sobre la renta que queda en nuestros bolsillos después de pagar impuestos). ¿En qué medida aumenta la renta disponible de nuestros siete tipos a raíz de la reforma del IRPF? La respuesta, en términos porcentuales, es la siguiente. A: 0,6; B: 2,5; C: 2,6; D: 2,2; E: 4,1; F: 5,3, y G: 8,8.

Dejando de lado al tipo A, la única coincidencia entre estas dos formas de medir los efectos de la reforma está en que el tipo D es el que sale relativamente peor librado. Los demás resultados son todos distintos. En particular, ¿es cierto que el mayor beneficio de la reforma lo recibirán las “rentas medias y bajas”? Medido este beneficio en términos de renta disponible, la respuesta es no. El mayor aumento en renta disponible lo consigue el tipo G, el más rico; y el siguiente, el tipo F, el segundo más rico; y el siguiente, el tipo E, el tercero más rico. A raíz de la reforma, los mayores aumentos de renta disponible los conseguirán los 613.754 contribuyentes con rentas superiores a 60.000 al año. Y los menores aumentos los conseguirán los 10.812.278 contribuyentes con rentas anuales de 12.000 a 60.000 euros, representados por los tipos B, C y D. El tipo A prácticamente no ve mejorada su renta disponible; forma parte en realidad del grupo de 7.953.452 contribuyentes, con rentas anuales inferiores a 12.000 euros, a los que la reforma no les afecta.

La reforma, que según el Gobierno cuesta 9.000 millones de euros, es imprudente desde el punto de vista presupuestario y muy discutible desde el punto de vista de la equidad. Es una reforma dominada por la enorme rebaja de la tarifa. No hace falta una simulación para saber que una reducción de 9 puntos en el marginal máximo, a partir de la relativamente modesta cifra de 60.000 euros (ahora está en 300.000 euros), tiene por fuerza que beneficiar de forma notable a los contribuyentes más ricos. El Gobierno podría haber esperado a tiempos mejores para proponer esta medida. Los 67.465 euros que en promedio dejarán de pagar en impuestos los 4.618 contribuyentes que tienen rentas anuales superiores a 600.000 euros no irán al consumo y sí en cambio detraerán del ahorro de un sector público que en estos momentos se encuentra en una situación particularmente precaria.

Antoni Zabalza fue secretario de Estado de Hacienda, entre 1991 y 1993, con el Gobierno de Felipe González.

Joan A. Forès
Reflexions