diumenge, 18 de juny de 2017

17/06/2017. Jorge Abelardo Ramos, “Historia de la Nación Latinoamericana”. Capítol VII.10. Los indios mitayos. Per recordar què és i què no és una colonització veiem en aquest capítol només el tracte inhumà (genocidi) aplicat als indígenes de l’Amèrica del Sud, en aquest cas els de l'Altoperú i concretament la vila de Potosí de 100.000 habitants (Madrid en tenia 5.000 a la mateixa època). En las minas altoperuanas trabajaban más de 15.000 indios mitayos, que eran reemplazados a medida que morían en el fondo de las minas. Los antiguos súbditos del Imperio incaico estaban obligados a prestar servicio forzoso en la extracción de mineral.

Benvolguts,

Aquesta història és de fet un gran assaig sobre la colonització espanyola de Sudamèrica, amb la idea omnipresent que ens explica l’autor i que ja tenia el Libertador Simón Bolívar de convertir tota la Sudamèrica colonitzada pel Reyno de Castilla en un sol i gran estat i no, per tant, en una mena d’amalgama de microestats.

Per recordar què és i què no és una colonització veiem en aquest capítol només el tracte inhumà (genocidi) aplicat als indígenes de l’Amèrica del Sud, en aquest cas els de l'Altoperú  i concretament la vila de Potosí de 100.000 habitants (Madrid en tenia 5.000 a la mateixa època) vegem en el llibre de Jorge Abelardo Ramos Historia de la Nación Latinoamericana el capítol VII-10.

Aquesta digressió és llarga però considerem que indispensable per mostrar el panorama de la “colonització” de les índies.
D’aquest llibre també en vàrem extractar el discurs de l’Inca Yupanqui a les Corts de Càdis.

Vegem aquest capítol:
En las minas altoperuanas trabajaban más de 15.000 indios mitayos, que eran reemplazados a medida que morían en el fondo de las minas. Los antiguos súbditos del Imperio incaico estaban obligados a prestar servicio forzoso en la extracción de mineral. Fueron inútiles todas las tentativas jurídicas de la Corona para reducir la crueldad de ese gigantesco proceso de genocidio. Tanto los españoles como los criollos de las clases propietarias de minas en el Alto Perú frustraron por su peso social toda tentativa de reforma. Aquellos indios que no morían en las minas, eran retenidos con diversos pretextos, cuando habían cumplido ya su turno hasta que morían trabajando.

Al anunciarse los llamados a una mita, parte de los indios abandonaban a sus mujeres e hijos y se escondían en la cordillera. Eran buscados con milicias armadas y tropas de reserva, con la ayuda de caciques de indios (verdaderos cipayos quechuas) hasta, que se reducía por la fuerza a los alzados. "Así, los mitayos eran conducidos a la muerte con seguridad, sin dejar de oír misa los domingos".

Cuando llegaba el momento de concurrir a la mita, los indios que no habían huido salían a la plaza acompañados de sus padres, parientes y amigos. Se abrazaban mutuamente entre lágrimas y sollozos, después de recibir la bendición del cura ante la puerta de la Iglesia: "aumenta lo funesto y lúgubre de esta escena el son de los tamborcillos y de las campanas que empiezan a hacer la señal de rogativas".

La mayor parte no regresaba jamás. Se llegó a temer la extinción de la población indígena. Los propietarios mineros se disputaban con los propietarios de tierras la mano de obra indígena lo que originó innumerables conflictos en la política lugareña altoperuana.

Tres siglos después del célebre debate de Valladolid entre Bartolomé de las Casas y Juan de Sepúlveda sobre los indios, se replanteaba la cuestión. El fiscal en la Audiencia de Charcas y defensor de indios Victoriano de Villalba sostenía que la mita había logrado prevalecer porque "la causa de los ricos siempre tiene muchos abogados y la de los infelices apenas procuradores".

Pero en el Intendente de Potosí se encarna otro Ginés de Sepúlveda. Francisco de Paula Sanz ataca al Fiscal afirmando que los indios "realmente no habían progresado desde los días de la conquista y no eran menos ociosos y estúpidos que antes. Admitida esa holgazanería, el servicio de la mita era útil y conveniente para los indios, pues los ponía en contacto con la Sociedad civilizada y los hacía trabajar por un salario".
Jorge Abelardo Ramos

Joan A. Forès
Reflexions

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